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    <body>Tarde placentera de s&#225;bado. Leo El Pa&#237;s. Llego a la contraportada. La responsable del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, la neozelandesa &lt;STRONG&gt;Helen Clark&lt;/STRONG&gt;, desgrana los objetivos de su mandato para erradicar la miseria en el mundo mientras &#8211;cuenta el texto- se pelea con un bogavante sumergido en arroz.

 No dir&#233; que la ex primera ministra de Nueva Zelanda no tenga derecho a disfrutar de un arroz con bogavante. Ser&#237;a absurdo y nos llevar&#237;a a un debate esquizofr&#233;nico sobre los derechos de los pol&#237;ticos&#8230; Y m&#225;s a&#250;n, en el caso de que a la se&#241;ora Clark la han invitado.

 Comento su sabroso almuerzo porque al hilo de esa contraportada de El Pa&#237;s me vino a la memoria una imagen, esa s&#237;, pat&#233;tica. Indignante.

 Abril de 1999. Sal&#237;a yo de mi habitaci&#243;n en el hotel Aleksandar Palace de Skopje. Cubr&#237;a desde &lt;STRONG&gt;Macedonia&lt;/STRONG&gt; los bombardeos de la OTAN en territorio ex Yugoslavo (las autoridades del r&#233;gimen de &lt;STRONG&gt;Slobodan Mil&#243;sevic &lt;/STRONG&gt;prohibieron a TVE contarlo desde Serbia). Hab&#237;a una guerra en marcha. Decenas de miles de refugiados albanokosovares dorm&#237;an en tiendas de campa&#241;as lejos de sus casas&#8230; Y malcom&#237;an lo que les regalaba la ayuda internacional. Al salir de la habitaci&#243;n observ&#233; en el recibidor del hotel un enorme tumulto y muchas &#8211;much&#237;simas- mesas repletas de bandejas con canap&#233;s multicolores. Del gran fest&#237;n disfrutaban decenas de invitados glotones y ten&#237;a un protagonista: el actor &lt;STRONG&gt;Roger Moore&lt;/STRONG&gt;, que visitaba a los pobres refugiados como embajador de buena voluntad de UNICEF. No s&#233; qui&#233;n pag&#243; la factura, pero alguien con dos dedos de frente en la ONU tendr&#237;a que haber detenido esa irritante muestra de insensibilidad. Derroche de comida cuando a s&#243;lo unos kil&#243;metros los refugiados luchaban por sobrevivir.

 A los funcionarios de la ONU se les acusa habitualmente de cobrar mucho dinero cuando est&#225;n en misi&#243;n especial. No lo s&#233;, pero si es cierto seguro que se lo merecen. Como tambi&#233;n se lo merecen los cooperantes de otras ONG&#8217;s, los militares y hasta los periodistas&#8230; Trabajan lejos de sus casas en un oficio duro y sobre todo imprescindible para la Humanidad.

 Pero una cosa es el dinero que ganas y tu capacitaci&#243;n profesional y otra es la imagen que das. Y eso la ONU lo cuida poco. No estoy de acuerdo con los que reprochan a Naciones Unidas todos los males de la tierra y a la vez ignoran que es la suma de los intereses de todos los gobiernos del planeta. La ONU no tiene vida propia. Tiene la vida que le prestan. Y precisamente por eso y por la misi&#243;n que se le ha encomendado, deber&#237;a cuidar hasta el m&#225;s m&#237;nimo detalle de derroche.


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