13 Ene 2010
Cómo se gobierna la red ingobernable
Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina.
Desde al principio de sus tiempos Internet ha padecido de un mal incurable con el que han tenido que contender todos los que han querido o necesitado hacer de la Red una sede política. Y es que Internet no puede ser una democracia, porque para que exista esta forma de gobierno hay un requisito previo básico: la definición de ciudadanía. La democracia española puede existir porque hay unas reglas claras sobre quién tiene derecho a votar en ella; quién es o no es español no está sujeto a discusiones, sino regulado en leyes. Pero ¿quién es ciudadano en Internet? No existe, ni puede existir, un registro de internautas. No hay, ni puede haber, un censo de habitantes de la Red. Por eso no se pueden simplemente contar los votos, cuando se trata de cooperar en el ciberespacio. Las cifras brutas carecen de sentido.
Para quien desconoce esto cualquier grupo de personas tratando de coordinarse en Internet tienen el aspecto de una turba, un caos, un sindiós. Desde dentro ése exactamente es el aspecto que tiene: gentes diversas que a nadie representan, con agendas incomprensibles e incompatibles y con recónditas manías y arcanas pendencias persiguiendo objetivos irreconcilliables. Para quien espera el orden, la dignidad y la cadencia de una democracia, el espectáculo es molesto, y la posibilidad de obtener cualquier fruto de semejante proceso, nulas.
Y sin embargo la propia Red funciona. Y lo hace de esta manera: desde el caos.
A lo largo de los años las instituciones de Internet han ido aprendiendo a superar la imposibilidad del voto y perfeccionando maneras de hacer que las cosas funcionen. Lo que hace funcionar Internet es el consenso, que no la unanimidad ni la mayoría; consenso basado en una extensa y muchas veces caótica discusión de opiniones defendidas por personas de reconocido prestigio. Las decisiones técnicas y políticas de ICANN se toman por este procedimiento, en el que cualquiera que quiera hablar tiene garantizado ser escuchado con independencia de dónde venga o de quién sea. Lo que no tiene garantizado es el respeto o el peso de su opinión; eso hay que ganárselo.
Por eso los grupos que intentan coordinar acciones en Internet a veces parecen asambleas de facultad o reuniones de vecinos. Todos los participantes pueden sacar a pasear sus más extremas opiniones, sus más disparatadas manías, sus objetivos más alejados de la realidad, sus particulares querencias. La discusión a veces se centra en cuestiones de procedimiento, otras veces se obsesiona en detalles nimios. Alianzas se forman y se deshacen en minutos. Traiciones se llevan a cabo y se perdonan con igual velocidad. Durante horas aquello parece una jaula de grillos, más preocupados los participantes de establecer su propia legitimidad que del tema en cuestión. A veces los participantes desesperan. Las asambleas de gente apasionada e intensa no son bonitas.
Pero de repente, establecidos y discutidos los puntos clave, comprendidas las importancias relativas, consideradas las manías y las incompatibilidades, un consenso empieza a emerger. Las posturas más extremas se suavizan, sin renuncia, pero sin exigencia. Los términos se barajan, se discuten, se escogen. El compromiso va tomando forma, casi insensiblemente. Nadie traiciona sus propuestas, ideas y objetivos, pero todos acaban coalesciendo en un texto parcial, mejorable, pero aceptable para todos. Tras horas de discusión aparentemente estéril, surge un consenso que no es de nadie, pero con el que todos pueden vivir; que no satisface completamente a nadie, pero que todos pueden tolerar. Un punto de apoyo. Un paso adelante hacia la resolución del problema.
Así es como se ha construido Internet. Y así es como se gestó tanto el manifiesto como RedSOS. Con mucho trabajo y no poco ruido; con posturas encontradas y una gran divergencia de pareceres coagulando, dada la importancia, en un texto de compromiso, en una acción común. Desde fuera de la Red parece un caos. Pero desde dentro, de Internet y del proceso, es hasta hermoso: una victoria de la inteligencia individual y colectiva sobre las limitaciones tecnológicas y políticas inherentes al ciberespacio. No es democracia, pero es libre, abierto, inclusivo y participativo. No es bonito, ni elegante. Pero es el modo de gobierno del futuro.

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
El gato de Schrödinger dijo
Suena bastante parecido a la anarquía en su estado ideal.
antonio larrosa dijo
Desde luego lo que pasa en este medio es de locura, contaré mi caso . He puesto una web con mis escritos porque sin padrinos es imposible publicar nada en este pais y resulta que si bien he conseguido hacerlo gracias a este loco medio aún no he podido contactar con ninguna editorial de prestigio a pesar de haberme visitado aproximadamente un millón de lectores en un par de años dando el tostón con el ....
Clica sobre mi nombre
ciudadanoNick dijo
Excelente Pepe. Sólo le quitaría a tu presente post una frase: "Lo que no tiene garantizado es el respeto o el peso de su opinión; eso hay que ganárselo".
Creo que una opinión inteligente no necesita persona, también vale como información impersonal, anónima, seudónima o incluso de alguien con mala fama o pocos escrúpulos. La opinión o información inteligente justifica la inteligencia por si misma, no necesita nada más, otra cosa es que se la concedamos o no.
En esencia la individualidad personal no pesa tanto en el trato inteligente que requiere la información, o no debería de pesar nada, sobre todo hacia el conocimiento o nuevo conocimiento. En un mercado de información la variedad es tal que se necesitan elevadas ecuaciones para archivarlas correctamente (aunque parezca un caos :-), pero el mercado es de información, no de individualidades, se vende información. Pero pasa que parte de esa tremenda variedad de información conllevan o consisten en fachadas estéticas únicas: una persona. Te puedo vender información empaquetada como la última novela de Fulanito Tal, el escritor que más vende en la actualidad, además te la vendo junto a su biografía y currículo, a ello sumo la venta de entrevistas, aficiones, opiniones políticas... puedes creer que te estoy vendiendo una personalidad opersonaje, pero en esencia te estoy vendiendo información.
En la física cuántica se puede aislar un átomo y hacerlo estar en dos sitios al mismo tiempo, pero es más, la información de un átomo es posible traspasarla a otro por el espacio sin materia (para hacernos una idea el aire que está frente a nuestras narices contiene miles de millones de átomos, imaginemos la dificultad para aislar dos y que se manden información esté donde estén, impresiona, ¿eh?). Este es el futuro para las redes complejas de información humana o mental, un nuevo tirón evolutivo que ya tiene mucha teoría. Serán redes como herramientas más poderosas que Internet, pero atención: lo que ahora circula por la Red y por su espacio material, hilos telefónicas u ondas desde órbita, es o será lo que circulará entre dos átomos o grupos seleccionado de ellos. Serán otras “herramientas” o redes mucho mejores, pero... para la misma “mano”. Y al igual que en Internet el conocimiento no necesitará, aunque la lleve, presencia estética, así el conocimiento se libera de su carga, muchas veces lastre, individual para navegar mucho más libre entre todas las individualidades. “Si tienes información buena te la compro, me da igual quien seas, si es buena te la leo, te la copio y si me pillas sin escrúpulos comercio con ella o te la plagio”.
Aunque todo ello sirva para que algunos puedan colgarse medallas, el sistema o el interés colectivo del sistema no lo hace para que uno se cuelgue medallas, su objetivo es que circule la información, en sus distintos campos, escalas y precios. Y cuando hablo de "comprar, vender y precio" es admitiendo también que "el tiempo es oro y el oro son euros o dólares". La Publicidad compra tiempo, se gastan grandes cantidades en televisión, por ejemplo, para que le dediquemos atención de un minuto o menos. La Publicidad siempre demandará nuestro tiempo, es el primer paso para llegar a nuestro dinero. Por ello pagamos tiempo en todas partes o medios de información, menos en Rtve, esta vez sí se puede decir... qué raro, jajaja.
Por otro lado no veo una ciudadanía de la Red, más bien extensiones ciudadanas en la Red, pero es verdad que la definición o redefinición de ciudadanía es necesaria por los nuevos tiempos que nos han “asaltado” incluso fuera de la Red. Pues resulta que yo soy cinco ciudadanos dentro de mí, pues tengo acceso directo y legítimo a cinco ciudadanías: la municipal, la provincial, la autonómica, la española y la europea. Pues bien, todas ellas tienen ya extensiones en Internet. No puedo hablar como ciudadano de la Red, pero sí como ciberciudadano español hasta tengo un DNI que me otorga personalidad jurídica dentro de la Red.
Y ¿cómo se gobierna la Red?, probablemente sea ingobernable, pero resulta que algo que nació como máximo exponente de la globalidad humana y sin fronteras ahora tiene hasta muralla china y multitud de “muros de Berlín”. E Internet, como el mundo geográfico y político, aún resultando ingobernable a nivel global: cada uno en su “patio” soberano pone las leyes que quiere donde en el mejor de los casos proceden de soberanías democráticas y pasa de los Parlamentos a los juzgados, sin mediar comisiones, pero de arreglo a las nuevas teconologías. Que siempre están en estados acelerados, es decir, las regulaciones o normas legales en Internet son o serán de las más revisables en cortos periodos de tiempo debido a los tremendos cambios y evoluciones tecnológicas a las que nos tiene acostumbrados la Red.
Bueno, que excelente texto, es un placer leerte (una manera de decir que me agrada la información que sueles pasarnos, Pepe 01001011100011010110010 ;-).
Ya está bien dijo
Antonio Larrosa eres un pesado, tus escritos y tus comentarios en el famoso periódico digital son de risa, no te publican porque la calidad de lo que escribes aún no lo merece.
javier dijo
lo dijo calderon. Los sueños sueños son. . . . . . . . . .
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