30 Oct 2009
El gen de la mala conducción
A veces el (mal) periodismo se mezcla con la necesidad que tienen los científicos de conseguir imagen pública para obtener subvenciones, y este potaje tóxico acaba produciendo monstruos. Como esta deliciosa noticia que nos ha sorprendido hoy al afirmar que la tendencia a conducir mal es genética. Todos, por definición, conducimos entre bien y muy bien; los que hacen burradas en la carretera son los otros, el resto de los conductores. Y ahora nos cuentan que según un estudio recién publicado la culpa la tiene una variante especial de un gen concreto, que hace a la gente un 20% peor conductor.Es decir que quienes adelantan cuando no tienen sitio, jamás utilizan los intermitentes o cambian de carril sin mirar antes si está ocupado no tienen toda la culpa de sus desmanes al volante, sino que son víctimas de una dotación genética deficiente. Para colmo, ese 'gen de la mala conducción' estaría muy extendido; casi un tercio de los estadounidenses lo tienen. Un tercio de malos conductores que no pueden evitarlo, porque está en sus genes. No es extraño que haya tantos accidentes.
Solo que al leer con cuidado lo que dice el estudio las cosas son bastante menos claras. La variante genética implicada limita la actividad de una proteína llamada 'factor neurotrófico derivado del cerebro' (FNDC). Esta proteína refuerza la memoria, y es activa en las áreas cerebrales que están funcionando al realizar una tarea concreta. Se cree que la FNDC ayuda a codificar el recuerdo en forma química, y de este modo actúa en el aprendizaje. Las personas que tienen la variante menos activa recuerdan peor, y tienden a obtener menores puntuaciones en test de aprendizaje estándar. Además, estas personas suelen recuperar peor sus funciones intelectuales tras accidentes como una apoplejía.
Como complemento de un estudio sobre los genes que influyen en la cantidad de FNDC se realizó un test que consistía en conducir un automóvil en un circuito simulado dos veces con un intervalo de una semana, y se comparó cómo lo hacían quienes tienen la variante normal y la de baja actividad. El resultado, previsible, es que la variante de baja actividad reduce el recuerdo del circuito, y provoca una conducción menos precisa; en concreto, un 20% peor. De ahí salió el titular de inmediato: el 'gen de la mala conducción' había nacido. Muy pronto estaba en todos los medios.
Lo cual, por supuesto, es una estupidez. No hay, ni puede haber, un 'gen de la mala conducción', como no puede haber un 'gen de la torería' o un 'gen de ser bombero'. No existen, ni pueden existir, genes que codifiquen comportamientos complejos como la conducción (buena o mala). Lo que sí existe son variantes genéticas que hacen determinados comportamientos más o menos probables. Si tu cerebro es particularmente bueno recordando carreteras, probablemente eso ayude a tu conducción. Pero del mismo modo que tener una buena musculatura puede ayudarse a hacerte bombero, si tú quieres serlo. No existen genes que predeterminen comportamientos de modo unívoco y forzoso; existen características personales que pueden hacer más o menos comunes ciertas formas de actuar. No podemos descargar nuestra responsabilidad por cosas como conducir mal en nuestros genes. La culpa no es de la genética si somos unos paquetes en la carretera, sino nuestra. Porque los seres humanos no somos robots programados por secuencias de ADN. Implicarlo es mala ciencia y peor periodismo; en este caso trabajando en comandita, por conveniencia mutua.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Carlos Y Mara dijo
Sería un tema interesante a debatir por Eduardo Punset en Redes. Un excelente científico que se plantea algo más en lo metafísico, cómo creo que haces tú Pepe.Saludos.
Carlos Y Mara dijo
http://www.eduardpunset.es/blog/
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