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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Visto desde Hait&#237;, durante estas &#250;ltimas semanas, el mundo no s&#243;lo era ancho y ajeno, sino enormemente distante. No hab&#237;a apenas canales para recibir la informaci&#243;n de otros rincones y, especialmente, no hab&#237;a ni tiempo ni capacidad emotiva ni ganas porque Hait&#237; lo era todo, lo absorb&#237;a todo. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Desde fuera de Hait&#237;, en la distancia, Hait&#237; lo sigue absorbiendo casi todo, pero queda hueco para recorrer otros escenarios y acontecimientos. Hechos y asuntos que demuestran que el mundo no ha cambiado en estas semanas y que los seres humanos siguen tropezando en la misma piedra, unos sigue tropezando con la misma bala y otros contin&#250;an apretando el mismo gatillo. Intentar&#233; comentarlo en d&#237;as pr&#243;ximos, pero ahora hago una sucinta relaci&#243;n.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Ciudad Ju&#225;rez volvi&#243; a demostrar no s&#243;lo que es la urbe m&#225;s violenta del mundo, sino que el ensa&#241;amiento y la crueldad no tienen l&#237;mites. Los sicarios acribillaron a 16 adolescentes en el transcurso de una fiesta de cumplea&#241;os, en una masacre que ha conmocionado a la ciudad, si eso es ya posible. Otros cuatro j&#243;venes que presenciaron la escena han desaparecido despu&#233;s y se teme que puedan haber sido secuestrados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;En Colombia, &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la ONG Human"&gt;&lt;st1:PersonName w:st="on" ProductID="la ONG"&gt;la ONG&lt;/st1:PersonName&gt; Human&lt;/st1:PersonName&gt; Rights Wacht (Observatorio de los Derechos Humanos), ha denunciado que los grupos paramilitares se han reforzado y que el proceso de desmovilizaci&#243;n vendido como gran &#233;xito por el presidente Uribe ha sido una enga&#241;ifa. Los paramilitares, tristemente conocidos por su locura asesina, siguen asesinando con total impunidad y la complicidad de militares y pol&#237;ticos colombianos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Israel reconoce que utiliz&#243; f&#243;sforo blanco contra civiles, algo prohibido por la legislaci&#243;n internacional, en su brutal ofensiva sobre Gaza de hace un a&#241;o. Lo reconoce pero no pasa nada. Se dice que se van a adoptar medidas contra dos militares y el ej&#233;rcito lo desmiente. Israel sigue recibiendo licencia para matar del comprensivo mundo occidental.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;Tony Blair comparece ante la justicia y reitera que volver&#237;a a apoyar la invasi&#243;n de Irak, es decir, volver&#237;a a actuar ilegalmente y a mentir, como confirma que hizo una de sus ministras, hoy ya fuera del gobierno. No importan los miles de muertos ni la devastaci&#243;n de Irak. Blair ni se despeina porque ahora se dedica a otras cosas, a ganar dinero a mansalva, sin pagar impuestos en su pa&#237;s.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;En Irak, en Afganist&#225;n, en Pakist&#225;n, contin&#250;a la locura suicida de los asesinos, contin&#250;a la ocupaci&#243;n de quienes dicen combatirlos y no hacen sino alentarlos con su presencia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;En fin, Hait&#237; queda lejos, cada d&#237;a m&#225;s lejos de un mundo cada d&#237;a m&#225;s mortalmente rutinario. &lt;/SPAN&gt;

 &lt;SPAN style="FONT-SIZE: 16pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;A href="mailto:fran.sevilla@rtve.es"&gt;fran.sevilla@rtve.es&lt;/A&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <title>El mundo, m&#225;s all&#225; de Hait&#237;</title>
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    <body>Desde la terraza de mi casa en Escaz&#250;, a las afueras de San Jos&#233;, se divisan las luces del valle central de Costa Rica. Son millares de luces que conforma un paisaje de gran belleza. Uno se queda como absorto contemplando esa sucesi&#243;n de puntitos luminosos que se pierdan en la distancia. Es un paisaje nocturno conocido pero que hoy me resulta extra&#241;o. &lt;strong&gt;Mis pupilas est&#225;n a&#250;n aferradas en gran medida a las noches de Puerto Pr&#237;ncipe, y cuesta desacostumbrarlas a la oscuridad que las ha impregnado en las &#250;ltimas semanas&lt;/strong&gt;. Pero ser&#225; cuesti&#243;n de poco tiempo, el regreso, aunque produzca en algunos momentos sensaciones de extra&#241;eza, siempre es m&#225;s f&#225;cil.

Lo que nos diferencia a los periodistas, cuando nos toca vivir alguna tragedia, alguna cat&#225;strofe, alguna guerra, de quienes verdaderamente las padecen, es que siempre tenemos un billete de vuelta a nuestro para&#237;so particular. Es un privilegio que incluso puede resultar un poco obsceno. Girar el grifo y que salga agua, apretar el interruptor y que se encienda la luz, abrir el frigor&#237;fico y descubrir que est&#225; lleno, escuchar el Concierto de Colonia de Keith Jarret, sentir el abrazo de nuestros seres queridos, leer un comentario de mi hija, Paula, en el &#250;ltimo art&#237;culo del blog, forman parte de ese privilegio cotidiano en el que Hait&#237; puede parecer muy lejano, pero no lo est&#225;, o uno no quiere que lo est&#233;.

No resulta f&#225;cil compaginar ambos mundos, ambas realidades en las que uno habita con apenas unas horas de diferencia. No resulta f&#225;cil explicarle a los hijos ese sentimiento del privilegio, transmitirles la idea de que ellos son tambi&#233;n unos privilegiados, que uno no elige d&#243;nde nace, que es cuesti&#243;n del capricho de la diosa fortuna, que si hubieran nacido en Afganist&#225;n, o en Kenia, o en Hait&#237;, sus vidas ser&#237;an muy diferentes, mucho m&#225;s dif&#237;ciles. &lt;strong&gt;No es f&#225;cil tratar de explic&#225;rselo de manera que no se sientan culpables, pero que entiendan que hay otros mundos mucho m&#225;s duros y olvidados en este mundo en el que vivimos&lt;/strong&gt;. Explicarles que la conciencia y la memoria son importantes.

Hoy&lt;a href="http://www.rtve.es/noticias/20100202/muertos-haiti-superan-ya-200000/315876.shtml" title="http://www.rtve.es/noticias/20100202/muertos-haiti-superan-ya-200000/315876.shtml" id=link_0&gt; el gobierno haitiano ha confirmado que ya van 200.000 muertos&lt;/a&gt; , en ese lento y terrible recuento. Y apenas ya es una noticia breve, si es que lo es, en buena parte de los medios de comunicaci&#243;n. A uno le asalta el temor de que se confirme lo que ha ocurrido en otras ocasiones, que la solidaridad ha sido muy fuerte, pero la memoria puede ser muy fr&#225;gil, que &#8220;la solidaridad es grande pero la memoria es corta&#8221;, como me dec&#237;a en Puerto Pr&#237;ncipe Pablo Yuste.

&lt;strong&gt;Y el drama de Hait&#237; sigue ah&#237;, sigue siendo una realidad descorazonadora, aunque ya apenas se hable de ella. Porque Hait&#237; sigue existiendo. &lt;/strong&gt;Como me dec&#237;a en un correo mi amiga Mirjana Tomic, que descubri&#243; Hait&#237; hace casi 30 a&#241;os, no es cierto el titular de &#8220;Hait&#237; ya no existe&#8221;. Lo que no existe, lo que ha dejado de existir es el Estado, pero sigue existiendo la gente, la cultura, la forma de vida y de muerte de los haitianos. Y como me explicaba el representante de la UNESCO, Jorge Iv&#225;n Espinel, si hay alguna forma de reconstruir Hait&#237; es a trav&#233;s de su cultura.

La casualidad ha querido que mi lectura de estos d&#237;as en Hait&#237; haya sido un libro que me hab&#237;an regalado hac&#237;a poco tiempo, &lt;em&gt;La isla bajo el mar&lt;/em&gt;, de Isabel Allende, que precisamente retrata el duro nacimiento de Hait&#237; como naci&#243;n, el gran sufrimiento del que surgi&#243; un pa&#237;s al que los poderosos de la tierra condenaron por no aceptar la sumisi&#243;n que se le impon&#237;a.

Hay tambi&#233;n conclusiones que sacar de todo lo ocurrido. &lt;strong&gt;No es entendible que toda la solidaridad que ha generado la cat&#225;strofe desatada por el terremoto no se haya traducido en una ayuda inmediata a la poblaci&#243;n haitiana.&lt;/strong&gt; No es entendible que esa solidaridad se haga llegar a punta de fusiles, de veh&#237;culos blindados y despliegue militar. No es admisible que con tantas organizaciones y con tantos recursos se imponga una descoordinaci&#243;n tan lamentable y bochornosa. Habr&#225; que seguir denunciando que es inaceptable que sea prioritaria la seguridad de unos pocos a la supervivencia de muchos.

&lt;strong&gt;Por suerte todav&#237;a quedan periodistas en Hait&#237;,&lt;/strong&gt; y los va a seguir habiendo, empe&#241;ados en recordarnos que la tragedia no ha concluido, que es importante seguir insistiendo. All&#237; est&#225;n compa&#241;eros de esta casa, de RTVE, como Sagrario G. Mascaraque, como Miguel &#193;ngel de la Fuente, como Luis P&#233;rez y los compa&#241;eros colombianos, Wenceslao y Diego. Ellos siguen narr&#225;ndonos la dif&#237;cil supervivencia del pueblo haitiano.

No puedo dejar de mencionar que en todos estos d&#237;as he ido conociendo distintas iniciativas, que se van a prolongar, estoy seguro, en el tiempo. Han surgido desde distintos rincones, con un tes&#243;n, a veces con una fuerza imaginativa desbordante. Rincones como Do&#241;a Menc&#237;a, en C&#243;rdoba, o como tantos otros en la geograf&#237;a solidaria de nuestro mundo, con vocaci&#243;n de impedir que se imponga el olvido. Iniciativas como la de un grupo de amantes del vino que, como me cuenta Arancha N&#250;&#241;ez, han realizado una subasta a trav&#233;s de la red, de Internet, de sus mejores botellas, de sus mejores caldos, para que aquello de lo que nos desprendamos tenga sentido.

Durante el tiempo que he pasado en Hait&#237; he ido escribiendo un diario que ha llegado a su fin. Este es, efectivamente, su ep&#237;logo. Han sido muchos los comentarios que han llegado. Ha sido enorme el apoyo y el calor que he sentido y que no considero un respaldo a mi persona como tal, sino a los miles de haitianos cuyas tragedias personales, cuyas desesperanzas y esperanzas, cuyos afanes y dolores y emociones, he intentado reflejar. Lo he hecho en forma de diario, y un diario se escribe siempre en primera persona. &lt;strong&gt;Y lo he hecho as&#237; porque soy consciente de que todo lo que iba narrando estaba tamizado por mi mirada, es decir, por mi subjetividad, que habr&#225; sido compartida por algunos y rechazada por otros.&lt;/strong&gt; No suelo responder a los comentarios en el blog, no creo que deba hacerlo, lo cual no significa que no agradezca todas las opiniones, incluidas las de quienes discrepan con mi forma de entender el mundo y con mi manera de ver lo que ha ocurrido, lo que sigue ocurriendo en Hait&#237;.

Siempre que he regresado a mi lugar, despu&#233;s de haber convivido durante un tiempo con los desastres, con la aflicci&#243;n y el dolor, intento encajar lo vivido y encajarme en la otra realidad que me toca vivir, en esa condici&#243;n de privilegiado. Cada cual tiene su forma de hacerlo. Mi manera de rendir homenaje a quienes no gozan del privilegio del que yo gozo es abrir una botella de vino. Esta noche brindo por el futuro de Hait&#237;.</body>
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    <title>Diario de Hait&#237; &#8211; Ep&#237;logo</title>
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    <body>El d&#237;a ha comenzado con esa extra&#241;a sensaci&#243;n que producen las despedidas. Cada rostro, cada rinc&#243;n, cada gesto estaba tamizado por el esfuerzo de esbozar el desapego. Algo nada f&#225;cil.

En la cotidiana visita al Centro he ido buscando las im&#225;genes con las que anclarme a un escenario al que me he adherido con fuerza en las &#250;ltimas semanas. Pero no se trata, al menos de momento, de hablar de m&#237;.

El centro de Puerto Pr&#237;ncipe presentaba hoy una imagen similar al de d&#237;as anteriores. Pero por primera vez parec&#237;a que hab&#237;a algo menos de trasiego de gente, menos hormigueo que otros d&#237;as. No sab&#237;a si atribuirlo a que, en el lento reacomodo de la gente y de la vida, el domingo empieza a reclamar su condici&#243;n o que, por primera vez, en dieciocho d&#237;as, hoy ha comenzado el reparto de ayuda humanitaria de manera significativa. Por fin el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha establecido una serie de puntos fijos de distribuci&#243;n de comida. Ya iba siendo hora. Era una distribuci&#243;n, al menos en los lugares en los que la hemos presenciado, que transcurr&#237;a en orden, en calma, sin altercados. Bien es cierto que bajo fuerte vigilancia militar. All&#237; estaban los soldados estadounidenses controlando la zona. Pero debo decir que el reparto estaba bien organizado y que, pese a detalles que parec&#237;an excesivos o prepotentes por parte de los militares, su labor era positiva o se traduc&#237;a al menos en algo positivo para los haitianos. Algo es algo despu&#233;s del abrumador despliegue militar.

Hemos presenciado en distintos lugares oficios religiosos, al aire libre, con decenas de personas cantando gospel, entonando diferentes c&#225;nticos, moviendo los brazos a un lado y a otro, ceremonias que aunque uno no comparta o entienda tienen una fuerza, destilan una energ&#237;a fundamental en estos momentos.

En lo negativo, como cada d&#237;a, hay que consignar algo que deja consternado. Anoche fueron detenidos en la frontera con Rep&#250;blica Dominicana diez estadounidenses, de una ONG confesional, baptista para concretar, de Idaho, cuando intentaban sacar ilegalmente del pa&#237;s a m&#225;s de treinta ni&#241;os, de edades comprendidas entre los dos meses y los doce a&#241;os. Una vez detenidos argumentaron que eran ni&#241;os a los que hab&#237;an adoptado, supuestamente hu&#233;rfanos, y que &#8220;cre&#237;an&#8221; que llevaban toda la documentaci&#243;n en regla. La operaci&#243;n despide un tufo que apesta. La ministra de Asuntos Sociales haitiana ha utilizado un juego de palabras, en ingl&#233;s, diciendo que se trataba de una &#8220;abduction, not adoption&#8221; (rapto, no adopci&#243;n). En fin, despu&#233;s de las denuncias de UNICEF de los &#250;ltimos d&#237;as y del caos en el pa&#237;s, a uno se le pone la piel de gallina pensando que puede ocurrir con tantos ni&#241;os que han quedado hu&#233;rfanos.

Le he pedido a Billy que regres&#225;ramos al barrio de Pouflord, al campamento en el que estuvimos hace unos d&#237;as y en el que conocimos a tres ni&#241;as hu&#233;rfanas, Florwing, Miriam y Michaela. Billy me hab&#237;a dicho entonces que deber&#237;a volver a verlas, como gesto, demostrar que me preocupaba por ellas. Les hemos llevado algo de comida. A la gente que est&#225; acogida alrededor le hemos advertido de que si alguien intenta quitarles o robarles algo yo me enterar&#233; y volver&#233; con la polic&#237;a. Es una mentira bastante obvia pero espero que sirva para que si alguien quiere aprovecharse de la situaci&#243;n se lo pienso dos veces. En cualquier caso, tras conversar con Florwing y entregarle la comida me ha parecido que a sus 15 a&#241;os tiene suficiente claridad de ideas y suficientes arrestos como para defender a las suyas y a lo suyo.

Hemos ido tambi&#233;n a casa de Billy. Bueno, al lugar en el que pernocta ahora su familia, al aire libre, al lado de su casa que est&#225; completamente destruida. Sus padres est&#225;n ya en una zona rural. Aqu&#237; s&#243;lo quedan su mujer, sus hermanos y primos y alguna sobrina. Hemos ido a charlar un poco con ellos, a despedirme, a desearles buena suerte. Al menos s&#233; que el dinero que he estado pagando a Billy est&#225; sirviendo y va a servir todav&#237;a durante un tiempo para mantener a toda la familia. Billy ha sido mi compa&#241;ero inseparable y es incre&#237;ble la complicidad que hemos llegado a desarrollar a pesar de que ha sido un corto espacio de tiempo el que hemos pasado juntos; corto pero muy intenso. Por cierto que convenimos en que le llamara Billy por facilitar las cosas y porque es una transcripci&#243;n m&#225;s sencilla de su nombre, que suena igual, pero que en realidad se escribe Beller.

Escribo las &#250;ltimas l&#237;neas de este Diario de Hait&#237;, aunque seguir&#233; escribiendo de Hait&#237; y sobre Hait&#237; en d&#237;as venideros. El XIII no me parece mal n&#250;mero para cerrar el Diario. Nunca he cre&#237;do en los malos presagios o en los maleficios o en las maldiciones, aunque haya momentos y lugares en los que, a menudo, me lo replantee. Pero, en cualquier caso, sea el n&#250;mero que sea, hay que cerrarlo. En toda cobertura llega un momento en el que el periodista tiene que irse, es una decisi&#243;n dif&#237;cil, pero inevitable. Los medios de comunicaci&#243;n tienen sus limitaciones y RNE no es ajena a las exigencias de la informaci&#243;n.

No resulta f&#225;cil hacerse a la idea de que dentro de unas horas el escenario que ver&#233; ser&#225; distinto. Cuando las circunstancias que lo rodean a uno son muy impactantes se hace extra&#241;o pensar que pueda existir otra realidad distinta a aquella con la que uno ha convivido. Y cuando se ha vivido con tanta intensidad esa realidad, aunque hayan sido apenas 18 d&#237;as, se hace dif&#237;cil despegarse de ella. Quiz&#225;s ocurre lo que dec&#237;a una canci&#243;n, que partir es un poco morir. Porque en lugares como Hait&#237;, en momentos como los vividos aqu&#237;, uno se deja jirones de piel y de alma. Y resulta dif&#237;cil encontrar el momento de irse: uno est&#225; tan apegado a lo vivido, tan cautivo de esa realidad, que se hace complicado despegarse de ella. Y siempre hay, adem&#225;s, un sabor agridulce: por un lado la amargura de todo el dolor, tanto dolor como el visto y escuchado y sentido; por otro lado las personas y los gestos y los momentos que a uno lo reconcilian con la vida.

Quiero quedarme con esto &#250;ltimo. Me ha guardado algunas im&#225;genes, algunas instant&#225;neas para llevarlas conmigo, para aprehenderlas y tratar de evitar que la memoria, siempre fr&#225;gil, acabe rob&#225;ndomelas. Quiero quedarme con la imagen de Billy sonriendo en su moto mientras yo me peleaba con un polic&#237;a que no nos dejaba pasar por una determinada zona. Me quedo con la canci&#243;n que entonaba una ni&#241;a, coreada por otros ni&#241;os que hac&#237;an palmas, en la que explicaba que quer&#237;a comer algo mientras se repart&#237;a comida en Cit&#233; Soleil, pero s&#243;lo a los adultos. Me quedo con unos ni&#241;os en el Campo de Marte volando una cometa hecha de un trozo de pl&#225;stico y cuatro palos, cuatro ca&#241;as probablemente de la techumbre de un ministerio pr&#243;ximo reducido a escombros y que era como el simbolismo de quienes quieren remontar el vuelo. Me quedo con el gesto de amabilidad de un muchacho, de unos 14 a&#241;os, haciendo cola en otro reparto de comida en el centro de Puerto Pr&#237;ncipe, que me indic&#243; que mi mochila, colgada a mi espalda, estaba abierta y que se me iba a caer lo que llevaba. Me quedo con el afecto que han demostrado todos los haitianos con los que he hablado, junto a los que he caminado, a los que he tocado y me han tocado (sin guantes, no como los soldados que vigilan el reparto de ayuda, enguantados a pesar del calor, para no contaminarse). Y sobre todo me quedo con una de las primeras im&#225;genes que observ&#233; al llegar a Puerto Pr&#237;ncipe, cuando todo era desolaci&#243;n y muerte alrededor, una imagen que me ha acompa&#241;ado desde ese momento: una pareja, mujer y hombre, entre 25 y 30 a&#241;os, junto a los escombros en el barrio de Pacot. &#201;l sosten&#237;a en brazos un beb&#233; de pocos meses. Miraba arrobado a la criatura, como no crey&#233;ndose que estuviera all&#237;, intacta, sana y salva. Y le dio un beso de una ternura indescriptible, conmovedora. La mujer me mir&#243; en ese momento, se dio cuenta de que yo observaba fijamente la imagen, y me sonr&#237;o. Le devolv&#237; la sonrisa y celebr&#233; con ellos, an&#243;nimamente, mientras la moto se pon&#237;a en marcha y me alejaba de all&#237;, el milagro de la vida.</body>
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    <body>El amanecer desde Petionville es muy hermoso. Petionville est&#225; encaramado sobre una colina, al sur de Puerto Pr&#237;ncipe. Es en realidad, como otros barrios que forman parte ya del &#225;rea metropolitana, un municipio independiente pero que hace tiempo qued&#243; unido a la capital haitiana por la sucesi&#243;n de viviendas que dan continuidad a ambas localidades. Buena parte de esas viviendas yacen hoy en ruinas.

Hay abundante vegetaci&#243;n, hay buganvillas y flamboyanes y alguna que otra ceiba majestuosa. Un aut&#233;ntico vergel en un pa&#237;s que lo fue y que hoy afronta una desertizaci&#243;n brutal que amenaza su futuro. Hace a&#241;os el 60% del territorio de Hait&#237; estaba cubierto por bosque tropical, hoy s&#243;lo queda el 2%. La deforestaci&#243;n para el cultivo intensivo de ca&#241;a de az&#250;car y la miseria de la poblaci&#243;n, que tiene que recurrir al carb&#243;n vegetal para cocinar, han dejado yermos los campos y la tierra de Hait&#237;.

Mirando hacia el norte, desde Petionville, se extiende una gran planicie al borde de la cual est&#225; Puerto Pr&#237;ncipe y, a lo lejos, una imponente cadena monta&#241;osa que cierra el valle. Al oeste est&#225; el mar, majestuoso. A la salida del sol la luz se desparrama a lo lejos creando una impresionante sensaci&#243;n de amplitud. Pero en cuanto uno se adentra en la ciudad, en los barrios menos nobles, la amplitud da paso a un abigarramiento a veces claustrof&#243;bico.

He empezado por recrear algunas im&#225;genes, algunas instant&#225;neas, porque creo que es imprescindible intentar imaginarse o visualizar los espacios donde suceden los acontecimientos para completar el relato, la idea que cada cual se hace de &#233;l. Petionville podr&#237;a ser un lugar maravilloso si no fuera por el contraste con otros rincones de Puerto Pr&#237;ncipe y por el momento que vivimos. Aqu&#237; vive, o viv&#237;a, la clase media-alta, mulatos en su mayor&#237;a que han vinculado la mayor claridad de su piel al poder pol&#237;tico y econ&#243;mico. Son los herederos de los que en tiempos de la colonia se llamaban affranchis, o mulatos libres, y que seg&#250;n relatan se divid&#237;an hasta en 60 categor&#237;as seg&#250;n el porcentaje de sangre blanca, seg&#250;n las distintas gamas de su piel. Digo que esa clase media-alta vive o viv&#237;a en Petionville porque muchos se han marchado estos d&#237;as y esperan a que vengan tiempos mejores para regresar.

El polo opuesto a Petionville, en la planicie seca y polvorienta que se extiende al norte, es Cit&#233; Soleil. Es la mayor bidonville, como se denominan en Hait&#237; a los barrios de chabolas donde se hacinan los m&#225;s pobres de los pobres. Se calcula que 300.000 personas habitan en extrema pobreza este lugar invivible, lo que hace de Cit&#233; Soleil el mayor slum, el mayor barrio marginal del hemisferio occidental.

El nombre, Cit&#233; Soleil, parece muy evocador, pero lo &#250;nico a que hace honor es a un sol de justicia que cae a plomo sobre las infrahumanas viviendas, sobre los tugurios infectos en los que se ven condenados a vivir miles de seres humanos. No s&#233; por qu&#233; en todas las ciudades hay siempre barrios de nombres sugerentes que la realidad desmiente sistem&#225;ticamente. Siempre hay alg&#250;n barrio del Porvenir, en el que el &#250;nico porvenir para sus habitantes es la frustraci&#243;n y la miseria; siempre hay alg&#250;n barrio Ciudad Jard&#237;n en el que no hay ni un triste &#225;rbol y el &#250;nico jard&#237;n es el que forman incontables bolsas de pl&#225;stico y deshechos de basura; siempre hay alg&#250;n Buenavista en el que lo &#250;nico que se ve es el humo y el aire negro de poluci&#243;n. En fin, podr&#237;a seguir enumerando esos barrios. Pero vuelto a Cit&#233; Soleil.

Las construcciones que jalonan las calles de acceso al barrio est&#225;n construidas con bloques de hormig&#243;n. Son de una sola planta y muchas se han ca&#237;do con el terremoto. A medida que uno se adentra en los vericuetos de Cit&#233; Soleil, las construcciones se van haciendo de madera, de cart&#243;n, de chapas met&#225;licas. Normalmente s&#243;lo hay un especio, reducido, en su interior, en el que pernocta toda la familia. La basura se acumula por doquier, y en estos d&#237;as la hediondez es absoluta: la podredumbre despide su fetidez haciendo irrespirable el aire. Por los escasos alba&#241;ales no circula el agua, sino que est&#225; estancada, maloliente, cargada de detritus, de heces. Mir&#237;adas de moscas revolotean alrededor, al igual que hacen los mosquitos, transmisores de la malaria. Muchos ni&#241;os rebuscan en la basura que se acumula a los bordes de Cit&#233; Soleil, o en las torrenteras, ahora secas, que acumulan un sin fin de porquer&#237;a.

A la entrada de Cit&#233; Soleil, en la carretera que va hacia el norte, se ven ahora improvisados puestos de venta de todo tipo de art&#237;culos, desde ropa y calzado, a maderas y hierros: es el resultado de la b&#250;squeda de estos d&#237;as entre los escombros por parte del ej&#233;rcito de desheredados que han rescatado de los comercios y edificios en ruinas lo que han podido para venderlo ahora y, al igual que antes del terremoto, al igual que dentro de varios a&#241;os, seguir malviviendo. Porque en Cit&#233; Soleil se malviv&#237;a antes y se malvivir&#225; despu&#233;s.

Cuando nos adentramos en el d&#233;dalo de callejuelas, Billy me dice: &#8220;este es un sitio muy peligroso, yo es la primera vez que entro en &#233;l&#8221;. Y s&#237;, entre los muchos argumentos que hacen de Cit&#233; Soleil un lugar poco recomendable para vivir est&#225; el problema de la violencia. Las bandas, verdaderos grupos mafiosos vinculados al narcotr&#225;fico y al tr&#225;fico de armas, son due&#241;as de este territorio e imponen su ley. Un fot&#243;grafo que reside en Hait&#237; desde hace un tiempo, Ram&#243;n Espinosa, nos explica que la polic&#237;a teme lo que pueda ocurrir en los pr&#243;ximos d&#237;as o semanas. El terremoto permiti&#243; que escaparan siete mil reclusos de la penitenciar&#237;a central de Puerto Pr&#237;ncipe y de otras c&#225;rceles. Muchos de ellos son jefes de bandas asentadas en Cit&#233; Soleil. El caos reinante hoy en Puerto Pr&#237;ncipe, la ausencia de gobierno y escasez de polic&#237;as, el hambre y la desesperaci&#243;n de la gente, pueden ser un caldo de cultivo propicio para que estas bandas se hagan con el control de la situaci&#243;n, al menos en buena parte de la ciudad.

Algo parecido nos comenta el Dr. Dominique Allen, de M&#233;dicos del Mundo. Hablamos con &#233;l en el Hospital Sainte Catherine Laboure, en medio de Cit&#233; Soleil. Nos explica que no saben, de momento, cu&#225;l puede ser la reacci&#243;n de las bandas a su presencia all&#237;, porque normalmente los extranjeros no son bienvenidos. Pero el hecho de que est&#233;n ayudando a la gente despu&#233;s del terremoto parece que ha abierto un margen de tolerancia. La cuesti&#243;n es hasta cu&#225;ndo puede durar.

En el hospital trabajan codo con codo M&#233;dicos del Mundo y M&#233;dicos sin Fronteras. Se lo hago notar al Dr. Allen y &#233;l me dice que est&#225;n satisfechos de la colaboraci&#243;n, que no fue f&#225;cil al principio, pero que ahora todo marcha estupendamente. Se trata de dos ONG,s importantes, con presencia en muchos lugares dif&#237;ciles, en cat&#225;strofes y conflictos b&#233;licos, y en demasiadas ocasiones ha habido rencillas, descalificaciones, recelos. Es algo, por desgracia, m&#225;s habitual de lo que ser&#237;a deseable en el mundo de las ONG,s. Pero al menos est&#225; vez la atenci&#243;n a las v&#237;ctimas del terremoto ha estado por encima de cualquier otra consideraci&#243;n.

Me sorprende ver la cantidad de mutilados que hay en el hospital. Como el Dr. Allen me explica, a pesar de que muchas construcciones son apenas tugurios de madera o cart&#243;n, la destrucci&#243;n ha sido considerable en las casas con bloques de hormig&#243;n, y mucha gente qued&#243; con sus extremidades atrapadas o las heridas se han gangrenado despu&#233;s.

Al final de Cit&#233; Soleil est&#225; el mar. Un mar de hermosas tonalidades que var&#237;an del azul tenue al verde esmeralda. Algunos barcos de vela, precarios y artesanales, est&#225;n varados en un peque&#241;o muelle mientras las redes se secan al sol. Resulta sorprendente c&#243;mo en medio de los escenarios m&#225;s s&#243;rdidos puede surgir de repente una estampa de belleza, un horizonte despejado. Supongo que desde aqu&#237; salen muchas de las precarias embarcaciones en las que los haitianos llevan a&#241;os lanz&#225;ndose al mar para tratar de llegar a Estados Unidos. La mayor&#237;a perece en el intento.

Regresamos a Petionville, en concreto al Petionville Club. Es un lugar, o lo era hasta el d&#237;a del terremoto, absolutamente exclusivo. Un Club de Golf, con sus pistas de tenis, su piscina, su bar, para uso y disfrute &#8220;exclusivo&#8221;, como reza un cartel en la puerta, de sus socios. Ahora quienes lo disfrutan son soldados estadounidenses, que han establecido aqu&#237; una de sus bases. Para ello han tenido que desplazar, hacia abajo en la colina, a los muchos haitianos que, al igual que en otros lugares, se instalaron aqu&#237;, en el mismo campo de Golf, en el green o como se llame, despu&#233;s del terremoto. Los soldados estadounidenses disfrutan de las instalaciones e incluso han instalado ya un gimnasio al aire libre, con sus pesas y su parafernalia. De vez en cuando, m&#225;s como un gesto de caridad que como otra cosa, organizan un reparto de comida a los recientes y ya antiguos ocupantes del lugar. Eso s&#237;, convenientemente vigilados para que no se desmanden. A la puerta del Petionville Club esta la residencia del embajador de Estados Unidos. Desde la verja de entrada s&#243;lo se ve el jard&#237;n. Creo que el embajador ha sido muy generoso y ha permitido a algunos ciudadanos estadounidenses que perdieron su vivienda que se instalen en el amplio recinto.

De nuevo me sale un regusto ir&#243;nico. Debe ser que hay una nueva indignaci&#243;n que se me acumula a otras indignaciones de d&#237;as anteriores. Los militares estadounidenses han suspendido el traslado de enfermos graves a hospitales de Florida y de otros estados porque &#233;stos se han quejado y han exigido saber qui&#233;n va a pagar la factura de la atenci&#243;n sanitaria. Claro, los heridos haitianos, no llevan entre los dientes una tarjeta de cr&#233;dito, que es la condici&#243;n primera e imprescindible para ser atendido en un hospital estadounidense.

Me voy a dormir con la idea que me expresaba hoy Ram&#243;n Espinosa, &#8220;todo esto de la ayuda estadounidenses es para hacerse la foto, los haitianos realmente no les importan&#8221;. De nuevo la desaz&#243;n.</body>
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    <body>La ma&#241;ana ha comenzado tranquila, con ruido de veh&#237;culos movi&#233;ndose, tocando el claxon. La zona de Petionville, que est&#225; menos afectada que otras, va recobrando una relativa actividad. Pero a&#250;n no se puede hablar de normalidad, sobre todo cuando nos movemos por el centro de la ciudad. Sigo sin utilizar en mis cr&#243;nicas, cuando hablo de la situaci&#243;n, la frase &#8220;vuelta a la normalidad&#8221;, porque sigue siendo imposible. No hay vuelta a la normalidad posible para centenares de miles de haitianos que sobreviven bajo un trozo de pl&#225;stico, en medio de la calle o de la plaza, dependiendo de recibir una ayuda que sigue sin llegar de forma masiva, lav&#225;ndose con un cuenco a la vista de todos, durmiendo sobre el suelo o sobre un trapo, compartiendo, como mucho, una colaci&#243;n al d&#237;a, que cocinan las mujeres con algo de carb&#243;n vegetal a pleno sol, con la suciedad y los desperdicios acumul&#225;ndose por todas partes. No, eso no es &#8220;vuelta a la normalidad&#8221;.

Vamos a la Base Log&#237;stica de la ONU, de la MINUSTAH (acr&#243;nimo de la Misi&#243;n de Estabilizaci&#243;n de la ONU en Hait&#237;). La base como otra galaxia, dentro de lo que es hoy Puerto Pr&#237;ncipe. All&#237; s&#237; hay &#8220;normalidad&#8221;. Nunca ha dejado de funcionar la cafeter&#237;a, ni el supermercado, en el que se puede comprar desde tabaco y cualquier tipo de alcohol, a comida y ropa variada. Las instalaciones tienen aire acondicionado, acceso a Internet, y otros servicios y comodidades que convierten a la Base Log&#237;stica en un oasis. Es cierto que han muerto varios funcionarios de la ONU y que muchos han sufrido de forma traum&#225;tica esa p&#233;rdida. Pero no es menos cierto que uno tiene la sensaci&#243;n de que viven en otro mundo, de que supuestamente gestionan la crisis pero desde una distancia tan enorme a la realidad que es dif&#237;cil que puedan llegar a comprenderla.

No s&#233; de qu&#233; ha servido que hubiera ya en Hait&#237; toda una misi&#243;n de la ONU que inclu&#237;a miles de soldados, de cascos azules. Su presencia no se ha notado en nada, no ha permitido agilizar en la asistencia a los damnificados del terremoto. Es m&#225;s, la ha retrasado o entorpecido. Porque es Naciones Unidas el organismo que establece el nivel de seguridad para el funcionamiento de sus propias agencias y de ONG,s. Y se mantiene un nivel tres, que es muy elevado, similar probablemente al de Afganist&#225;n, a pesar de que en Hait&#237; no ha habido actos de violencia generalizada ni la gente se ha desbocado ni ning&#250;n extranjero, ni ninguna organizaci&#243;n, ni ning&#250;n soldado de la ONU ha sido agredido o atacado. Pero a veces las cosas funcionan de una manera un tanto mezquina, o enormemente mezquina. Resulta que en funci&#243;n del nivel de seguridad fluct&#250;a el complemento del salario. Y con un nivel tres el salario de funcionarios y personal de Naciones Unidas es enormemente elevado.

Me re&#250;no en la Base Log&#237;stica con Jorge Iv&#225;n Espinal, representante de la UNESCO. Ya estuvo aqu&#237; durante cuatro a&#241;os y luego cambi&#243; de destino. Ahora ha tenido que regresar, nada menos que desde Uzbekist&#225;n. El representante actual de la UNESCO en Hait&#237; ha sido evacuado. Espinal me habla de su principal preocupaci&#243;n, el da&#241;o que el terremoto ha causado al ya de por s&#237; fr&#225;gil sistema educativo haitiano. Son centenares, al menos 400, los colegios destruidos. Son tambi&#233;n centenares los profesores muertos. El curso escolar est&#225;, obviamente, interrumpido. Se quiere intentar que se reanude en marzo, pero parece una previsi&#243;n demasiado optimista. Espinal no oculta su preocupaci&#243;n por c&#243;mo pueda repercutir esta situaci&#243;n en el futuro de Hait&#237;. Cree que se tardar&#225; a&#241;os en recuperar un nivel similar del sistema educativo al que hab&#237;a antes del terremoto. Y la educaci&#243;n es la columna vertebral, es la puerta que conduce a cualquier pa&#237;s al desarrollo. Esa puerta se ha cerrado de golpe en Hait&#237; y va a tardar en abrirse.

Sobre el terreno, dejamos de teorizar y visitamos uno de los pocos colegios cuyos da&#241;os no son, aparentemente, tan graves. Es el colegio de San Luis, de la congregaci&#243;n de la Caridad de San Luis. Nos atiende la madre Martina (es la segunda monja que me encuentro estos d&#237;as que se llama Martina, &#233;sta es haitiana, la otra era espa&#241;ola, de las Hijas de la Caridad, me resulta curioso el dato). No saben ni cu&#225;ntos profesores ni cu&#225;ntos alumnos del colegio han muerto. A&#250;n no tienen idea de cu&#225;l puede ser el impacto para ellos del terremoto; ni siquiera saben si el edificio, que resisti&#243; el embate de la tierra, tiene la estructura y los cimientos da&#241;ados o son seguros. Cuando le digo a la madre Martina que quiero hablar del futuro de la educaci&#243;n, del pa&#237;s, me mira con gesto entre ir&#243;nico y condescendiente y me dice: &#8220;&#191;Futuro?, de qu&#233; futuro vamos a hablar &#8230;&#8221;. S&#233; que tiene raz&#243;n, que hablar del futuro es absurdo cuando todav&#237;a ni siquiera el presente es abarcable.

El director de la Polic&#237;a Nacional de Hait&#237; nos ha colocado hoy frente a otra brutal realidad que suele acompa&#241;ar tambi&#233;n a momentos de cat&#225;strofes y conflictos b&#233;licos: las violaciones a mujeres y ni&#241;as. El propio director de la polic&#237;a, Mario Andresol, ha reconocido que el caos, la cantidad de gente viviendo a la intemperie, la oscuridad nocturna, sin alumbrado p&#250;blico de ning&#250;n tipo, la escasez de polic&#237;a y vigilancia, est&#225;n siendo aprovechados por hombres (podr&#225; pensarse que son bestias inmundas, pero, no se nos olvide, adem&#225;s de bestias inmundas son hombres, varones, imbuidos de una pr&#225;ctica secular de dominaci&#243;n del macho, de violencia y vejaci&#243;n hacia la mujer) para acosar y violar a mujeres y ni&#241;as. Las violaciones se han incrementado desde el terremoto. Algunas organizaciones feministas han dado ya la voz de alerta a la ONU, como si los casos azules fueran a proteger a las haitianas. A las seis de la tarde, seg&#250;n se pone el sol, est&#225;n todos bien resguardados en sus bases. Perdonen la iron&#237;a, pero nace de la rabia y la indignaci&#243;n.

M&#225;s rabia, m&#225;s indignaci&#243;n. De Nuevo hemos asistido en el centro al reparto de algo de comida, en esta ocasi&#243;n por parte de un cami&#243;n haitiano, protegido por polic&#237;a haitiana, no por los flamantes cascos azules. Evidentemente en el momento en el que se abre la puerta trasera del cami&#243;n y empiezan a arrojar paquetes de comida, se desata el caos. Pero es un caos que no amenaza a nadie, salvo, si acaso, a los propios haitianos que buscan desesperadamente algo de alimento. Desde lejos, muy lejos, me llega el eco, mientras presencio la imagen, de las palabras de los responsables de la diplomacia de los dos pa&#237;ses que m&#225;s da&#241;o han hecho en la historia a Hait&#237;, Estados Unidos y Francia. Hillary Clinton y Bernard Kouchner reconocen que ha habido &#8220;descoordinaci&#243;n&#8221; pero rechazan las cr&#237;ticas a la p&#233;sima gesti&#243;n que se ha hecho y a las dificultades para la llegada de ayuda porque Estados Unidos ha decidido convertir una operaci&#243;n que debiera ser humanitaria en una operaci&#243;n de desembarco militar.

En el aeropuerto, nueva visita, ya no hay signos de nada que no sea militar. La AECID ha levantado definitivamente el campamento y ha quedado un extra&#241;o vac&#237;o que r&#225;pidamente, en las pr&#243;ximas horas, como ya les anunciaron, ser&#225; ocupado por veh&#237;culos y material militares. Los equipos de asistencia han emprendido el regreso a Espa&#241;a y la sensaci&#243;n que uno tiene, al ver ese espacio vac&#237;o, es que todo el mundo se est&#225; yendo. De quienes vinieron al principio, al d&#237;a siguiente del terremoto, ya no queda pr&#225;cticamente nadie. No s&#233; por qu&#233; me produce extra&#241;eza y una sensaci&#243;n que no es soledad pero se parece bastante.

Releo lo escrito hasta ahora y me doy cuenta de que cada d&#237;a me extiendo m&#225;s, cada d&#237;a se me agolpan m&#225;s ideas que quiero expresar. Debe ser la certeza de que se acerca tambi&#233;n el momento de mi marcha y, subsconcientemente, quiero volcarlo todo en estas l&#237;neas para que nada se quede dentro. Aunque, en el fondo, s&#233; que eso ser&#225; imposible. </body>
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    <body>La noche anterior, antes de ir a dormir, salt&#243; la noticia de que hab&#237;a sido rescatada con vida una joven, una adolescente de 16 a&#241;os. Su nombre es Darline, y hab&#237;a pasado nada menos que 15 d&#237;as bajo los escombros. C&#243;mo es la naturaleza humana, qu&#233; forma de aferrarse a la vida. Darline estaba consciente cuando la sacaron en medio de una gran ovaci&#243;n. Y me pregunto qu&#233; habr&#225; estado pensando durante todos esos d&#237;as, durante tantas horas inmovilizada, sin saber si alguien llegar&#237;a a rescatarla. Qu&#233; sue&#241;os, qu&#233; esperanzas, que fatigas o desesperos habr&#225;n cruzado por su mente. No s&#233; si es cierto, pero creo que este es el caso de mayor supervivencia que se ha registrado en un terremoto.

El d&#237;a comienza, por tanto, como prolongaci&#243;n de la noche anterior, con una especie de nuevo alumbramiento, porque lo de Darline es haber vuelto a nacer, haber vuelto a la vida.

Camino del centro, por la calle-carretera que baja desde la colina y lleva el nombre de Panamericana, nos detenemos en la oficina del Primer Ministro. Centenares de personas se han ido instalando en los jardines que rodean la casa, igual que cualquier otro jard&#237;n o parque o plaza en Puerto Pr&#237;ncipe. Nos atiende madame Jocelyne, jefa de personal de la oficina del Primer Ministro. Lo primero que nos pregunta, pese a la identificaci&#243;n como periodista, es si vamos a traer algo de ayuda, si podemos ayudarles en algo. Le explico que lo que yo voy a hacer es relatar cu&#225;l es la situaci&#243;n y c&#243;mo est&#225;n viviendo o sobreviviendo a la tragedia. Noto algo de decepci&#243;n en su semblante.

Hay, instaladas en el jard&#237;n, cinco mil personas, seg&#250;n la cifra que nos da madame Jocelyne. Las condiciones son similares a las de los centenares de campamentos que hay desperdigados por doquier: algunas lonas o pl&#225;sticos, algunas tiendas de campa&#241;a, algunos cartones. Al menos aqu&#237; hay algunos &#225;rboles y la sensaci&#243;n de calor, gracias a su sombra, no es tan agobiante como en las plazas del centro de la ciudad.

Las historias que nos cuentan las personas all&#237; agrupadas son similares a las de otros lugares: nos relatan la p&#233;rdida de sus casas, su desamparo por no tener ad&#243;nde ir, su angustia por no tener qu&#233; dar de comer a sus hijos.

Ya en el centro, en una peque&#241;a calle por la que no hab&#237;a pasado con anterioridad, me sorprende ver el edifico, pr&#225;cticamente intacto, del ministerio de Asuntos Sociales. Llama la atenci&#243;n verlo en pi&#233;, con su fachada de ladrillo visto pintada de blanco y de verde, en medio de la destrucci&#243;n y las ruinas circundantes. Pienso que en una iron&#237;a, que el &#250;nico ministerio que haya quedado en pie sea precisamente ese, el de Asuntos Sociales, el que deber&#237;a encargarse de dar cobijo y atenci&#243;n y cubrir las necesidades de la poblaci&#243;n haitiana.

Hoy, adem&#225;s, el primer ministro haitiano, Jean-Max Belerive, se ha descolgado con una afirmaci&#243;n que pone los pelos de punta y que est&#225; en consonancia con la denuncia realizada hace unos d&#237;as por UNICEF. Seg&#250;n Belerive los informes que le est&#225;n llegando corroboran que se est&#225; produciendo tr&#225;fico de seres humanos, en concreto de ni&#241;os, y tr&#225;fico de &#243;rganos. Una afirmaci&#243;n terrible, aunque el primer ministro no ha aportado m&#225;s datos. Espero que haya una investigaci&#243;n en profundidad, que vengan especialistas que puedan ver los informes y saber si realmente est&#225; sucediendo un hecho tan ignominioso, tan ves&#225;nico. Resulta dif&#237;cil creer que algo as&#237; pueda tener lugar, pero lo cierto es que la capacidad de maldad demostrada por algunos seres deshumanizados es infinita.

Por contrapartida, he vuelto al hospital de La Paz. De nuevo es un b&#225;lsamo ver que la situaci&#243;n, en comparaci&#243;n con lo que fue hace dos semanas, empieza a ser m&#225;s asumible. Aunque hay momentos todav&#237;a que a uno le rompen en alma. Hoy me ha ocurrido al ver a un ni&#241;o de tres o cuatro a&#241;os, en brazos de su padre, con la pierna derecha amputada. No s&#233; por qu&#233; me he imaginado a ese ni&#241;o, d&#237;as antes del terremoto, corriendo, saltando y me he preguntado qu&#233; sentir&#225; ahora, c&#243;mo se enfrentar&#225; a su nueva condici&#243;n f&#237;sica, cuando quiera seguir a sus amigos, cuando quiera dar patadas a un bal&#243;n. Ya s&#233; que dramas de ese tipo los hay en todas partes, y no s&#243;lo por un terremoto. Pero, como ya he dicho en alguna ocasi&#243;n, son los dramas particulares los que nos permiten fijar el conjunto del drama general.

Si he vuelto, por tercer d&#237;a consecutivo, al hospital de La Paz ha sido para confirmar lo que ya me apuntaban ayer, que hoy ha sido el &#250;ltimo d&#237;a de trabajo de personal m&#233;dico espa&#241;ol en ese lugar y en Hait&#237;. Ma&#241;ana, viernes, hoy cuando lean estas l&#237;neas, emprenden regreso a Espa&#241;a. Se considera que la emergencia ya ha pasado, que el hospital ya puede seguir funcionando con relativa normalidad, dentro de las circunstancias. All&#237; se queda personal sanitario de otros pa&#237;ses, aunque tambi&#233;n est&#225;n preparando la marcha, y se quedan las Hijas de la Caridad y, sobre todo, los propios m&#233;dicos y sanitarios haitianos, en cuyas manos est&#225; realmente el futuro del hospital y de su pa&#237;s.

As&#237; que ma&#241;ana (hoy, viernes) se levanta el campamento que hace 16 d&#237;as, al d&#237;a siguiente del terremoto, levant&#243; la Agencia Espa&#241;ola de Cooperaci&#243;n Internacional y para el Desarrollo (AECID) en el aeropuerto con el primer material y los primeros equipos que llegaron a Puerto Pr&#237;ncipe. Desde el primer momento los responsables de la misi&#243;n, Pablo y Roberto, se portaron de maravilla conmigo, permiti&#233;ndome comunicar con RNE cuando a&#250;n yo no dispon&#237;a de tel&#233;fono sat&#233;lite, y sobre todo, brind&#225;ndome su afecto y su apoyo.

Regreso a Petionville y le digo a Billy que me deje en la plaza Saint Pierre. Al igual que en el resto de las plazas, centenares de personas han establecido aqu&#237; un campamento y aqu&#237; llevan m&#225;s de dos semanas instalados. Pero, a pesar de la complicada situaci&#243;n, la plaza va cobrando algo de vida. Al colorido de los toldos, pl&#225;sticos y cobertores que inundan el centro de la plaza se han unido los colores de los cuadros naif y de las artesan&#237;as que pintores y artesanos haitianos han vuelto a sacar a la luz, a vender como hac&#237;an antes del terremoto en esta plaza que es tambi&#233;n un mercadillo de arte popular. Incluso en uno de los laterales se ha reabierto un mercado de flores. Y hay ramos muy hermosos. Que retornen las cosas bellas, a pesar del horror que todav&#237;a inunda Puerto Pr&#237;ncipe, es sin duda una invitaci&#243;n a cierto optimismo. Habr&#225; que aferrarse a &#233;l como se aferr&#243; Darline a la vida.</body>
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    <title>Diario de Hait&#237; &#8211; X</title>
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    <body>Ha vuelto el sol, ha vuelto el calor. El centro de la ciudad aparec&#237;a hoy todav&#237;a con m&#225;s ajetreo entre las ruinas, con m&#225;s gente, como la entrada de un gran hormiguero. Miles de personas siguen afan&#225;ndose en recuperar de los comercios y oficinas y tiendas todo lo recuperable. Me ha venido a la mente la imagen de las hormigas que, cuando cae muerto al suelo alg&#250;n insecto, un escarabajo, por ejemplo, lo van limpiando de a poquito hasta que en el lugar s&#243;lo queda una ligera mancha.Son los propios haitianos los que est&#225;n sobreviviendo, sin que nadie les est&#233; ayudando verdaderamente. El subsecretario general para Asuntos Humanitarios de la ONU, John Holmes, ha reconocido que la ayuda no est&#225; llegando a buena parte de los afectados. Seg&#250;n sus c&#225;lculos hay dos millones de personas que necesitan ayuda para comer, y el alimento s&#243;lo ha llegado a quinientas mil. Es decir, tres de cada cuatro haitianos necesitado no recibe nada. Holmes asegura que van a hacer un mayor esfuerzo. Pero al mismo tiempo la propia ONU, el Programa Mundial de Alimentos, suspend&#237;a ayer la distribuci&#243;n de comida en el centro porque, dicen, &#8220;la multitud perdi&#243; el control&#8221;. El coronel brasile&#241;o que comandaba la operaci&#243;n asegur&#243; que &#8220;no estaban violentos, s&#243;lo desesperados. S&#243;lo quieren comer&#8221;. &#8220;El problema es que no hay suficiente comida para todos&#8221;, a&#241;adi&#243;. No s&#233; si le cost&#243; mucho tiempo hacer esa reflexi&#243;n.

No lejos del centro, en un lugar de acogida donde hay unas dos mil personas, habl&#243; con Dominique, responsable de una ONG y originario de Martinica. All&#237; tampoco han recibido nada de comida y no saben c&#243;mo hacer para alimentar a tanta gente. Me pone un s&#237;mil y me pide que lo difunda. &#8220;Hait&#237; es hoy como una casa inmensa, llena de gente, con una puerta de entrada diminuta&#8221;. &#8220;La &#250;nica entrada que tiene abierta el pa&#237;s &#8211;prosigue Dominique- es una carretera de cuatro metros de ancha y quinientos kil&#243;metros de larga&#8221;. Se refiere a la carretera que une Santo Domingo, la capital de la vecina Rep&#250;blica Dominicana, con Puerto Pr&#237;ncipe. Es, efectivamente, la &#250;nica ruta por la que est&#225; llegando algo m&#225;s de ayuda, pero siempre insuficiente. El puerto sigue sin estar operativo y el aeropuerto&#8230; &#8220;d&#237;gale al mundo que el aeropuerto no es m&#225;s que una base militar&#8221;, me pide Dominique.

Volvemos al aeropuerto. Hac&#237;a d&#237;as que no &#237;bamos. Y la primera impresi&#243;n le paraliza a uno. Lo &#250;nico que se ve ahora son militares por todas partes, militares estadounidenses; tiendas de campa&#241;a militares, veh&#237;culos militares, gr&#250;as militares, helic&#243;pteros militares, aviones militares. Habr&#225; que preguntarse para qu&#233; ha realizado Estados Unidos semejante despliegue que, desde luego, no parece servir de nada para ayudar a la poblaci&#243;n hatiana. Desde Washington, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dice estar &#8220;resentida&#8221; con las cr&#237;ticas de algunos medios, que entendieron mal o &#8220;deliberadamente representaron mal la ayuda a Hait&#237;, que era civil y militar&#8221;. El problema es que Hait&#237; no necesita ayuda militar, necesita comer, y es precisamente comida lo que no se ve.

Hemos regresado tambi&#233;n hoy al Hospital Universitario de La Paz. Ayer no me dio tiempo a una cosa que quer&#237;a hacer casi desde el principio, hablar con un grupo de monjas que est&#225;n ayudando all&#237; desde el principio de la cat&#225;strofe. Los primeros d&#237;as no quise molestarlas en sus tareas, que me parec&#237;an mucho m&#225;s importantes que hablar con un periodista. Y quer&#237;a conversar con ellas con calma. Son un grupo de monjas de la congregaci&#243;n de Las Hijas de la Caridad. Llegaron al hospital dos d&#237;as despu&#233;s del terremoto, buscando a una hermana hatiana que estaba desaparecida. Les dej&#243; boquiabiertas la situaci&#243;n, con centenares de heridos arrojados en los pasillos, en los patios, en cualquier rinc&#243;n. Con suciedad, con sangre, con restos de material sanitario acumul&#225;ndose por todas partes. Y decidieron, motu propio, ponerse a limpiar. Y un d&#237;a despu&#233;s empezaron a atender tambi&#233;n a quienes llegaban, a limpiar heridas, a colaborar con quienes estaban ya atendiendo a los heridos, en todo lo que fuera necesario, con una dedicaci&#243;n y una abnegaci&#243;n dif&#237;cil de encontrar en quienes no han hecho voto de ayudar a los m&#225;s necesitados. Han sido todo un ejemplo y, desde luego, una ayuda inestimable para el personal m&#233;dico-sanitario que intent&#243; y puso orden en aquel campamento de batalla que era el hospital. Ellas lo cuentan como si se tratara de lo m&#225;s normal.

Un m&#233;dico me cont&#243; una an&#233;cdota de los primeros d&#237;as. Estaban abriendo una caja de los kit higi&#233;nicos que envi&#243; la AECID (Agencia Espa&#241;ola de Cooperaci&#243;n Internacional y para el Desarrollo), y el m&#233;dico iba sacando y entregando a una de las monjas lo que iba saliendo, para que ella luego lo distribuyera entre pacientes y familiares:

-Jab&#243;n.

-Jab&#243;n.

-Cepillos de dientes.

-Cepillos de dientes.

-Toallitas.

-Toallitas.

Asi con todo lo que iba saliendo hasta que de repente el m&#233;dico baj&#243; el tono de la voz y dijo:

-Preservativos. &#8211;Y los puso a un lado.

La monja le mir&#243;, dijo, &#8220;S&#237;, claro, preservativos&#8221;, y los agarr&#243;. Son monjas que llevan tiempo viviendo aqu&#237;, que saben de los problemas de la poblaci&#243;n haitiana, que entienden que las enfermedades de transmisi&#243;n sexual, especialmente el VIH, son una aut&#233;ntica amenaza para la gente. Una cosa es la doctrina oficial del Vaticano, y otra quienes trabajan a pie de obra, a pie de Sida.

Sor Martina, que habla un espa&#241;ol trufado de palabras francesas, no en vano lleva 36 a&#241;os en Hait&#237;, me dice que hay que insistir en que no se olvide a la poblaci&#243;n haitiana. &#8220;El pueblo hatiano es un pueblo de una gran dignidad&#8221;, me insiste sor Martina. Es evidente. Estos d&#237;as se est&#225; viendo, lo estamos viendo. No ha perdido la dignidad ni la compostura a pesar de estar viviendo la peor cat&#225;strofe de su historia; y aunque no lo entiendan quienes s&#243;lo saben medirlo todo en t&#233;rminos militares y lo &#250;nico que les importa es enviar soldados. Espero que no se me aparezcan en el sue&#241;o de hoy. </body>
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    <title>Diario de Hait&#237; - IX</title>
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    <body>De nuevo hemos amanecido con otra fuerte r&#233;plica, otro temblor. Pero no ha habido gran alarma. La gente ya no tiene ganas de correr, ya ni siquiera tiene fuerzas para asustarse.

El d&#237;a estaba nublado y la temperatura era algo m&#225;s agradable, sin ese sol tropical cayendo a plomo, sin esa luz cegadora, sin ese calor asfixiante por momentos. Pero el aire sigue igual de irrespirable. Es un aire espeso, a veces parece que se hace s&#243;lido y cuesta lograr que llegue a los pulmones. Entre el polvo de las calles, todav&#237;a alfombradas de escombros, las miles de part&#237;culas que lanzan las excavadoras. que han comenzado a rematar los edificios heridos, y el humo de los coches y furgonetas, negro y denso por la p&#233;sima combusti&#243;n, hay ocasiones en las que respirar representa un esfuerzo tit&#225;nico.

Por la ma&#241;ana han abandonado Puerto Pr&#237;ncipe, en helic&#243;ptero, los cuatro ni&#241;os del orfanato La Casa de los &#193;ngeles, adoptados por familias espa&#241;olas. Los han trasladado a Santo Domingo, adonde tambi&#233;n iban a llegar desde Espa&#241;a sus familias de adopci&#243;n, para despu&#233;s viajar todos juntos a los nuevos hogares de los peque&#241;os. Iban contentos, felices. Se han asustado un poco con el ruido del helic&#243;ptero. Me imagino que tambi&#233;n les habr&#225; asustado el momento en el que hayan visto c&#243;mo se alejaba la tierra debajo de ellos.

En el aparato viajaba un quinto ni&#241;o. En su caso no ha sido adoptado, pero hab&#237;a un expediente de acogida temporal en marcha porque el peque&#241;o tiene una enfermedad que le provoca una especie de par&#225;lisis facial y tiene que ser operado, se supone que va a ser operado en Espa&#241;a. En teor&#237;a, dentro de unos meses, deber&#225; ser tra&#237;do de vuelta a Hait&#237;. No s&#233; si la familia que lo va a acoger lo permitir&#225;.

Hemos presenciado algunos repartos de ayuda humanitaria. Sobre todo de agua potable, en grandes garrafas. Las colas eran interminables. La gente se agolpada, m&#225;s que pegados uno tras otro, estaban comprimidos, como si pechos y espaldas fueran prolongaciones los unos de los otros en una sucesi&#243;n interminable, formando un nuevo y &#250;nico cuerpo, m&#225;s que de un ciempi&#233;s de un milcabezas. La desesperaci&#243;n por conseguir un poco de agua, o de comida, se lee en los rostros de esa enorme masa de seres humanos que est&#225; desamparada. Y a veces surgen incidentes. Hay peleas, empujones, carreras, gritos, golpes. Las fuerzas de la ONU lanzan gases lacrim&#243;genos. Y entonces se habla de falta de seguridad. Se podr&#237;a retratar as&#237; el c&#237;rculo vicioso, como en la canci&#243;n: est&#225;n hambrientos porque no comen; no comen porque no tienen comida; no tienen comida porque no se reparte; no se reparte porque asaltan los repartos; asaltan los repartos porque est&#225;n hambrientos&#8230; De nuevo se anuncia el env&#237;o de m&#225;s soldados, en este caso 900 de Brasil, que ya tiene el contingente m&#225;s numeroso dentro de la MINUSTAH, la Misi&#243;n de Estabilizaci&#243;n de la ONU en Hait&#237;, que de momento, estos d&#237;as, no parece estabilizar nada.

Vamos al Hospital Universitario de La Paz, el primer hospital que visitamos en Puerto Pr&#237;ncipe a los dos d&#237;as de llegar. Hay que consignar el cambio, enormemente positivo, a pesar de que las carencias siguen siendo muchas. Hoy, por primera vez, ya cuentan con un servicio de limpieza contratado y pagado por la Cooperaci&#243;n Espa&#241;ola que ha permitido que la basura deje de acumularse en los patios y jardines del hospital. Tambi&#233;n cuenta ya con un servicio de vigilancia en la puerta.

El Hospital de La Paz fue asignado a m&#233;dicos espa&#241;oles junto a m&#233;dicos cubanos, chilenos y colombianos. El comit&#233; director lo constituyen los propios m&#233;dicos de esas nacionalidades que han llegado en medio de la tragedia.

Por cierto, alguien me relata una an&#233;cdota sobre la llegada de ayuda y personal cubano. Seg&#250;n me cuentan, cuando Estados Unidos se hizo cargo del aeropuerto y empez&#243; a dar prioridad a sus propias prioridades, es decir, sus vuelos, sus militares, sus ciudadanos, y todo lo dem&#225;s ten&#237;a que esperar, incluidos varios aviones espa&#241;oles varados en Santo Domingo, un avi&#243;n cubano aterriz&#243; en el aeropuerto de Puerto Pr&#237;ncipe. Le preguntaron a la tripulaci&#243;n c&#243;mo hab&#237;an logrado el permiso de aterrizaje de los estadounidenses. Y contestaron que no hab&#237;a pedido permiso: se limitaron a informar por radio de que iban a aterrizar y aterrizaron.

Volviendo al Hospital de La Paz, los primeros d&#237;as fueron verdaderamente terribles. No hab&#237;a nada de material quir&#250;rgico, no hab&#237;a rayos X, no hab&#237;a sangre para transfusiones, no hab&#237;a ni m&#233;dicos. Los heridos llegaban en oleadas, casi todos con graves heridas de trauma, especialmente fracturas abiertas, muchos de ellos al borde de la muerte. Recuerdo que el m&#233;dico Luis de la Fuente me contaba lo dif&#237;cil que era decidir a qui&#233;n operar sabiendo que esa decisi&#243;n pod&#237;a implicar que la persona elegida se salvara y la postergada muriera. Los m&#233;dicos se hab&#237;an convertido en dioses que decid&#237;an sobre la vida y la muerte. Y pens&#233; que debe ser muy dif&#237;cil tener esa capacidad profesional de dudar lo m&#237;nimo, s&#243;lo lo justo, cuando decides entre una persona y otra. Si dudas m&#225;s de la cuenta, si te pones a divagar mentalmente con prejuicios morales probablemente mueran los dos pacientes.

En aquellos primeros d&#237;as los patios y los pasillos y la entrada del hospital estaban abarrotados de heridos que gem&#237;an. Era un escenario dantesco. Hab&#237;a que tomar decisiones para hace ya un rato. Lo peor, las amputaciones. Numerosas personas llegaban con extremidades amputadas de forma terrible. O con miembros gangrenados que hab&#237;a que amputar inmediatamente. Hoy, el hospital, a pesar de las muchas carencias, empieza a parecer otra cosa, no un hospital de campa&#241;a en medio de una guerra sangrienta y sin cuartel, sino un centro m&#233;dico en el que poder atender con un m&#237;nimo de garant&#237;as a los muchos heridos que siguen llegando dos semanas despu&#233;s del terremoto.

Concluye un d&#237;a m&#225;s, una nueva jornada. Por suerte hoy no hay m&#225;s desaliento que el razonable. Y alg&#250;n que otro estornudo con un poco de carraspeo en la garganta. Incluso, por primera vez desde que estoy aqu&#237;, he escuchado un poco de m&#250;sica, de la que llevo metida en el ordenador port&#225;til. Quiz&#225;s se me ha contagiado algo de la profesionalidad de los m&#233;dicos y he dejado a un lado mis consideraciones y mis derrumbes emocionales. A saber por d&#243;nde me asaltan ma&#241;ana. </body>
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    <title>Diario de Hait&#237; &#8211; VIII</title>
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    <body>Montreal queda muy lejos de Puerto Pr&#237;ncipe. Est&#225; lejos geogr&#225;ficamente, y est&#225; todav&#237;a m&#225;s lejos a&#250;n vitalmente. El recorrido de esta ma&#241;ana ha comenzado, una vez m&#225;s, en el centro de Puerto Pr&#237;ncipe preguntando a la gente si sab&#237;a d&#243;nde estaba Montreal y qu&#233; pod&#237;a decidirse all&#237;. Y a la gente lo &#250;nico que le interesaba era saber si finalmente alguien va a hacerles llegar algo de comida.

Intento mirar la situaci&#243;n con algo de optimismo, tratar de encontrar algo positivo, cualquier cosa que me haga salir de la &#250;ltima escena que hab&#237;a vivido la noche anterior. Pero es muy dif&#237;cil. En pleno centro, en los laterales de una de las plazas, vemos los restos &#243;seos calcinados, todav&#237;a humeantes, de un cad&#225;ver al que han prendido fuego coloc&#225;ndole un neum&#225;tico alrededor. No ha empezado muy bien el d&#237;a.

No lejos del centro est&#225; el parque Jean Marie Vincent. Es uno de los espacios antes vac&#237;os en los que ahora hay un aluvi&#243;n de seres humanos hacinados. No menos de cinco mil personas se han instalado en estos d&#237;as all&#237;, en las mismas condiciones insalubres que en el resto de los campamentos de Puerto Pr&#237;ncipe. Vamos caminando, observando, preguntando a la gente y la respuesta es siempre la misma: necesitamos comida, agua y medicinas.

Un ni&#241;o me agarra de repente la mano y se pone a caminar a mi lado. Llega otro y hace lo mismo. Cinco minutos despu&#233;s los dos ni&#241;os contin&#250;an cogidos a mi mano izquierda, en la derecha llevo la grabadora y el casco, mientras una docena m&#225;s nos siguen a todas partes. Y en todas partes se ve lo mismo: necesidad imperiosa de que alguien les ayude.

El lugar es un antiguo aer&#243;dromo. En uno de sus rincones yacen los esqueletos de tres helic&#243;pteros y media docena de avionetas: la maquinaria oxidada, herrumbrosa. La maleza ha crecido alrededor. Son de la fuerza a&#233;rea del dictador Fran&#231;ois Duvalier, que dedic&#243; los escasos recursos de Hait&#237; a mantener un ej&#233;rcito en el que sustentarse, junto a la milicia de los temidos y sanguinarios &#8220;tonton macouts&#8221;, y en multiplicar hasta la obscenidad los saldos de sus cuentas corrientes en Francia y en los opacos bancos de la civilizada Suiza, el para&#237;so de las finanzas de dictadores de todo el orbe.

Frente al parque Jean Marie Vincent est&#225; el Centro Obst&#233;trico y Ginecol&#243;gico Isaie Jeanty &#8211; Leon Audain. Es hoy, b&#225;sicamente, una maternidad. Un equipo de M&#233;dicos Sin Fronteras empez&#243; a trabajar aqu&#237; el d&#237;a despu&#233;s del terremoto, sin pr&#225;cticamente nada de material y llegando heridos sin cesar. Ahora ya los heridos han sido desviados a otros lugares y el centro se utiliza para atender a mujeres embarazadas y para los partos. Vemos una mujer joven, con la mano sobre la curva superior de su abultado vientre. Probablemente en unas horas habr&#225; dado a luz. Una nueva criatura vendr&#225; a este mundo en un lugar bien jodido llamado Hait&#237;. Seguro que el camino no le va a ser f&#225;cil. Pero me maravilla el milagro de la vida, abri&#233;ndose paso, pujante, en medio de tanta destrucci&#243;n y tanta muerte.

Vamos hasta el orfanato La Casa de los &#193;ngeles. All&#237; estuvimos hace unos d&#237;as, la semana pasada. Los ni&#241;os dorm&#237;an entonces en el jard&#237;n, en la tierra, al raso. Ahora ya cuentan con dos grandes carpas o tiendas de campa&#241;a y un suelo de pl&#225;stico. En los &#250;ltimos d&#237;as se han acelerado los tr&#225;mites legales y la documentaci&#243;n para que cuatro de los 90 ni&#241;os que hay all&#237;, y cuyo proceso de adopci&#243;n por familias espa&#241;olas se hab&#237;a iniciado hace tiempo, puedan viajar a Espa&#241;a, con sus padres adoptivos. Fueron procesos iniciados antes de que se prohibiera la adopci&#243;n de ni&#241;os de Hait&#237; por la falta de control en este pa&#237;s sobre el origen y las circunstancias de los ni&#241;os aparentemente abandonados o hu&#233;rfanos, y antes, desde luego, del terremoto, ya que la legislaci&#243;n espa&#241;ola, acorde con la de la Uni&#243;n Europea, proh&#237;be las adopciones de ni&#241;os en pa&#237;ses que han sufrido cat&#225;strofes o conflictos b&#233;licos. El caso es que esos cuatro menores, tres ni&#241;as y un ni&#241;o, inician este martes un viaje, primero a Santo Domingo y luego a Espa&#241;a, hacia una vida nueva.

En la zona del aeropuerto encuentro a Silvia Hidalgo, responsable de la organizaci&#243;n DARA, una consultor&#237;a o asesor&#237;a humanitaria. Ha llegado hace poco a Puerto Pr&#237;ncipe. Conversamos sobre la situaci&#243;n. Y en cierta manera me siento reivindicado. Llevo d&#237;as explicando en las cr&#243;nicas en RNE, en este blog, que no veo reparto de ayuda, de comida y de agua potable, en casi ning&#250;n sitio. Silvia me lo confirma: &#8220;no se visualiza la ayuda, la comida, porque no se ha repartido&#8221;. No son imaginaciones m&#237;as. Hoy mismo me hab&#237;a quedado con una extra&#241;a sensaci&#243;n despu&#233;s de intervenir, como todas las tardes, en el programa Asuntos Propios. Me daba la sensaci&#243;n de que puede parecer que me repito de manera obstinada, sin querer ver otra cosa. Pero lo que se ve es eso: pr&#225;cticamente nada de ayuda. &#8220;Se ha sobredimensionado el problema de la seguridad cuando el comportamiento de la poblaci&#243;n hatiana ha sido ejemplar&#8221; a&#241;ade Silvia Hidalgo. No s&#243;lo lo digo yo.

Coincidiendo con la reuni&#243;n en Montreal, he tenido la sensaci&#243;n que se ha iniciado la curva descendiente del inter&#233;s por Hait&#237;. Supongo que debe ser l&#243;gico seg&#250;n la l&#243;gica de nuestra sociedad y nuestros medios de comunicaci&#243;n, que a menudo no comparto; supongo tambi&#233;n que la tragedia cansa y que la gente necesita que se le hable de otras cosas. En la propia p&#225;gina web de RTVE la noticia, o m&#225;s bien el bloque dedicado a Hait&#237; pr&#225;cticamente hab&#237;a desaparecido hoy de la portada, aunque luego ha regresado. Y a m&#237; me entra el des&#225;nimo y se me quitan las ganas de escribir.

Empezaba el d&#237;a intentado encontrar un poco de &#225;nimo. La noche anterior, cuando sal&#237; del bar donde consigo una lenta se&#241;al de Internet para mantener al d&#237;a este blog, me abordaron tres muchachas, en torno a los 18 o 20 a&#241;os. Se me ofrecieron &#8220;para lo que fuera&#8221;. No s&#233; si hab&#237;an ejercido antes la prostituci&#243;n o ahora se han visto forzadas a conseguir recursos econ&#243;micos de cualquier manera. S&#243;lo s&#233; que me fui a dormir con un agujero en el est&#243;mago y una tristeza infinita. </body>
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    <title>Diario de Hait&#237; &#8211; VII</title>
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    <body>No me he dado cuenta de que era domingo hasta que, en el centro de Puerto Pr&#237;ncipe, he escuchado unos c&#225;nticos. Era un oficio religioso, de una confesi&#243;n evang&#233;lica. La gente daba gracias a Dios. Yo he pensado que Dios debe estar muy ocupado estos d&#237;as porque o &#233;l o sus representantes en la tierra parecen haberse olvidado de Hait&#237;, pero tambi&#233;n he entendido que en medio de este abandono absoluto, de esta tragedia, &lt;strong&gt;si la gente que lo ha perdido todo pierde tambi&#233;n su fe entonces s&#237; que no habr&#237;a esperanza para ellos&lt;/strong&gt;.

As&#237; ha comenzado el recorrido por la ciudad. De nuevo el centro de la capital hatiana estaba convertido en un hervidero de gente a la b&#250;squeda de agua, de comida, de lo que sea. Como cualquiera de los d&#237;as precedentes. No hab&#237;a diferencia por ser domingo. &lt;strong&gt;Hoy tengo la imagen de que Puerto Principe es un inmenso campo de desplazados jalonado de ruinas por todas partes. &lt;/strong&gt;En la calle Mayor, donde precisamente es mayor la devastaci&#243;n, continuaba el reguero de gente buscando entre los escombros. Me ha sorprendido una escena. La polic&#237;a ha detenido a tres j&#243;venes que sacaban algunos art&#237;culos de debajo de un comercio derruido. Me ha sorprendido porque es algo que ocurre en toda la calle y no he entendido muy bien por qu&#233; se deten&#237;a a esos j&#243;venes, se les obligaba a tirarse al suelo apunt&#225;ndoles con una pistola y se les ataban las manos a la espalda. No he podido dejar de pensar que se trataba de una puesta en escena por parte de la polic&#237;a, ya que hab&#237;a un par de c&#225;maras de televisi&#243;n rodando. Me ha parecido indecoroso ver c&#243;mo las c&#225;maras le preguntaban a uno de los detenidos, mientras le filmaban, tirado boca a bajo, maniatado, y teniendo que levantar un poco la cabeza en un inc&#243;modo y, posiblemente, doloroso escorzo.

La calle Mayor est&#225; devastada. Su sucesi&#243;n de comercios con soportales es irrecuperable, como tantos otros edificios de la antigua Puerto Pr&#237;ncipe. Bajando desde Petionville al centro de la ciudad, por la carretera que atraviesa Canap&#233;-Vert, llega un momento en el que se pueden ver una serie de casas, de mansiones, de &#233;poca colonial o posterior, decimon&#243;nicas, que en su mayor&#237;a est&#225;n pr&#225;cticamente destruidas. Se trata de casas de madera y piedra o ladrillo, con tejados a varias aguas, con salientes, marquesinas, balcones. &lt;strong&gt;El terremoto ha destruido casi toda la arquitectura hist&#243;rica de Puerto Pr&#237;ncipe. &lt;/strong&gt;Todo est&#225; arruinado: los edificios gubernamentales que rodeaban el palacio Presidencial, con cubiertas de vivos colores, verde o rojo, el palacio de Justicia, con toques de estilo neocl&#225;sico seg&#250;n lo poco que puede apreciarse ya de &#233;l, la Catedral, la &#250;nica del mundo de color rosa, seg&#250;n creo, el mercado de &#8220;La Croix des Bosales&#8221;, en la misma calle Mayor, ejemplo de la arquitectura en hierro de la segunda mitad del siglo XIX, cuya parte central aparece inclinada, como un cuerpo suspendido en su ca&#237;da, pero mostrando a&#250;n el letrero que lo preside: &#8220;&lt;strong&gt;HYPPOLITE &#8211; PREISDENT D`HAITI &#8211; 1889&lt;/strong&gt;&#8221;, el propio Palacio Presidencial, aplastado como una tarta.

Podr&#237;a pensarse que con tanta gente muerta ocuparse o preocuparse por las casas, por los edificios, es insultante. Pero &lt;strong&gt;la sensaci&#243;n que uno tiene es que con la p&#233;rdida de esas construcciones se da un paso m&#225;s en el robo de la memoria colectiva al pueblo haitiano&lt;/strong&gt;. A la poblaci&#243;n de Hait&#237; le llevan robando su memoria desde hace siglos. Esta vez ha sido la fuerza desatada de la naturaleza, pero en la mayor&#237;a de las ocasiones han sido otros pa&#237;ses, otros hombres, incluso sus propios gobernantes, de manera voluntaria e interesada. Se la robaron cuando fueron arrancados de su &#193;frica originaria para traerlos como esclavos a este rinc&#243;n del Caribe; se la robaron cuando los grandes hacendados blancos arrasaron los suelos, los bosques y los cultivos tradicionales de esta parte occidental de la Hispaniola para dedicarla al monocultivo de ca&#241;a de az&#250;car, dejando yerma una tierra que antes hab&#237;a sido feraz; se la robaron cuando la Francia napole&#243;nica intent&#243; someter a sangre y fuego los deseos de libertad de los hatianos; se la robaron cuando Estados Unidos no quiso reconocer la independencia de Hait&#237;, el primer pa&#237;s de hombres libres de Am&#233;rica (en Estados Unidos s&#243;lo eran libres los blancos), y luego, a principios del siglo XX invadi&#243; y ocup&#243; su territorio durante dos d&#233;cadas; se la robaron sus propios gobernantes despu&#233;s de la independencia, con el discurrir de las d&#233;cadas, que se dedicaron a robar no s&#243;lo la memoria sino toda la riqueza, en la mayor&#237;a de los casos con el apoyo corrupto de grandes compa&#241;&#237;as trasnacionales y de algunos pa&#237;ses como Estados Unidos y Francia, como ocurri&#243; durante la dictadura de los Duvalier, Papa Doc y Baby Doc.

Quiz&#225;s ser&#225; por todo eso por lo que me parece de un enorme simbolismo un hecho: en el Campo de Marte, la plaza frente a la fachada principal del palacio Presidencial, hay una estatua de Toussaint Louverture, el precursor de la independencia de Hait&#237; y del fin de la esclavitud. Louverture muri&#243; encarcelado en Francia unos meses antes de que el pa&#237;s lograra la independencia, en 1804, tras pagar un alt&#237;simo precio en vidas humanas y en devastaci&#243;n de su territorio. La estatua de Louverture no mira hacia el Palacio, sino que le da la espalda. Quiz&#225;s porque es mejor no mirar, no ver, aunque uno sea estatua, en qu&#233; se ha convertido el sue&#241;o de la libertad.

Me he extendido demasiado en la Historia pero la Historia es fundamental para entender por qu&#233; algunos pueblos est&#225;n condenados a la miseria. &lt;strong&gt;No se trata de una maldici&#243;n divina ni de pagar un pecado original, es el resultado de la explotaci&#243;n y del desprecio de otros&lt;/strong&gt;, quiz&#225;s en castigo por la osad&#237;a de haber sido libres en primer lugar.

Retomo el relato. Hemos estado en el puerto. Su puesta en funcionamiento ser&#237;a fundamental para permitir la llegada a gran escala de alimentos y medicinas. Hemos hablado con su director operativo. El muelle norte est&#225; completamente destruido, con sus gr&#250;as de carga hundidas en el agua. En el muelle sur, tambi&#233;n muy da&#241;ado, apenas hay doscientos metros utilizables, pero es ese tramo el que est&#225; ya operativo, aunque s&#243;lo puede recibir buques de tonelaje medio. De momento, la &#250;nica descarga que hemos visto es la de material militar. Hay soldados estadounidenses y algunos soldados franceses. El director operativo, Pierre Nacsie, nos ha asegurado que todo el control lo ejerce la Autoridad Portuaria de Hait&#237;, aunque reciben la ayuda de pa&#237;ses &#8220;amigos&#8221;. Algo de raz&#243;n debe tener en su vehemente defensa de la soberan&#237;a haitiana; la prueba es que nos han dejado pasar hasta la misma orilla del mar. Si el control fuera estadounidense probablemente no nos habr&#237;a permitido franquear la puerta de entrada.

En pleno puerto le he gastado una broma a Billy y nos hemos re&#237;do un poco. Es la primera vez, en los diez d&#237;as largos que llevamos trabajando juntos, que conseguimos re&#237;rnos entre nosotros de una manera distendida. Ha sido refrescante.

M&#225;s soldados. Intentando llegar al hotel Villa Creole, donde hay un buen n&#250;mero de periodistas, soldados holandeses han cortado la calle. Dicen que van a distribuir unas carpas. La puerta del hotel est&#225; ocupada por dos docenas de personas en camas y camillas, cubiertas con pl&#225;sticos y toldos. En los d&#237;as posteriores al terremoto un equipo m&#233;dico atendi&#243; a algunos heridos a la entrada del hotel. Y siguen all&#237;. Los soldados holandeses, sin ning&#250;n distintivo, sin llevar cascos o boinas azules, hab&#237;an tomado los alrededores, la &#250;nica v&#237;a de entrada, y decid&#237;an qui&#233;n pasaba y quien no. Eran como cuarenta soldados y una decena de veh&#237;culos militares. Para repartir unas cuantas tiendas de campa&#241;a no pareciera necesaria tanta exhibici&#243;n de fuerza.

A &#250;ltima hora de la tarde ha habido una nueva r&#233;plica, de 5,5 grados en la escala de Richter, es decir, otro terremoto potencial. &lt;strong&gt;La gente, que siente c&#243;mo tiembla el suelo, mira hacia el cielo como buscando protecci&#243;n.&lt;/strong&gt; No parece f&#225;cil encontrarla.

Termino hablando de ONG,s. No me da tiempo a contestar a todos los comentarios o preguntas que llegan a este blog. Y no me gustar&#237;a ser injusto. Resulta dif&#237;cil recomendar qu&#233; organizaciones apoyar. Pero dadas las reiteradas preguntas voy a comentar las que yo he visto o conozco: la Cruz Roja, M&#233;dicos Sin Fronteras, M&#233;dicos del Mundo, Intermon-Oxfam, Acci&#243;n Contra el Hambre, est&#225;n siendo bastante activas sobre el terreno y tienen sobrada experiencia; y hay que pensar en dentro de unos meses, cuando pase la emergencia. Hay organizaciones como Manos Unidos que financian proyectos a largo plazo y que no s&#243;lo act&#250;an en las emergencias, sino de manera prolongada en el tiempo. Seguro que hay m&#225;s. Quiz&#225;s fuera bueno dosificar esfuerzos y recursos, es decir, no volcarse todos ahora y olvidarse despu&#233;s. &lt;strong&gt;Hait&#237; necesita una ayuda sostenida, la va a necesitar mucho tiempo.&lt;/strong&gt;</body>
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