31 Ene 2010

Diario de Haití - XII

por Fran Sevilla el 31 Ene 2010 | URL Permanente

El amanecer desde Petionville es muy hermoso. Petionville está encaramado sobre una colina, al sur de Puerto Príncipe. Es en realidad, como otros barrios que forman parte ya del área metropolitana, un municipio independiente pero que hace tiempo quedó unido a la capital haitiana por la sucesión de viviendas que dan continuidad a ambas localidades. Buena parte de esas viviendas yacen hoy en ruinas.

Hay abundante vegetación, hay buganvillas y flamboyanes y alguna que otra ceiba majestuosa. Un auténtico vergel en un país que lo fue y que hoy afronta una desertización brutal que amenaza su futuro. Hace años el 60% del territorio de Haití estaba cubierto por bosque tropical, hoy sólo queda el 2%. La deforestación para el cultivo intensivo de caña de azúcar y la miseria de la población, que tiene que recurrir al carbón vegetal para cocinar, han dejado yermos los campos y la tierra de Haití.

Mirando hacia el norte, desde Petionville, se extiende una gran planicie al borde de la cual está Puerto Príncipe y, a lo lejos, una imponente cadena montañosa que cierra el valle. Al oeste está el mar, majestuoso. A la salida del sol la luz se desparrama a lo lejos creando una impresionante sensación de amplitud. Pero en cuanto uno se adentra en la ciudad, en los barrios menos nobles, la amplitud da paso a un abigarramiento a veces claustrofóbico.

He empezado por recrear algunas imágenes, algunas instantáneas, porque creo que es imprescindible intentar imaginarse o visualizar los espacios donde suceden los acontecimientos para completar el relato, la idea que cada cual se hace de él. Petionville podría ser un lugar maravilloso si no fuera por el contraste con otros rincones de Puerto Príncipe y por el momento que vivimos. Aquí vive, o vivía, la clase media-alta, mulatos en su mayoría que han vinculado la mayor claridad de su piel al poder político y económico. Son los herederos de los que en tiempos de la colonia se llamaban affranchis, o mulatos libres, y que según relatan se dividían hasta en 60 categorías según el porcentaje de sangre blanca, según las distintas gamas de su piel. Digo que esa clase media-alta vive o vivía en Petionville porque muchos se han marchado estos días y esperan a que vengan tiempos mejores para regresar.

El polo opuesto a Petionville, en la planicie seca y polvorienta que se extiende al norte, es Cité Soleil. Es la mayor bidonville, como se denominan en Haití a los barrios de chabolas donde se hacinan los más pobres de los pobres. Se calcula que 300.000 personas habitan en extrema pobreza este lugar invivible, lo que hace de Cité Soleil el mayor slum, el mayor barrio marginal del hemisferio occidental.

El nombre, Cité Soleil, parece muy evocador, pero lo único a que hace honor es a un sol de justicia que cae a plomo sobre las infrahumanas viviendas, sobre los tugurios infectos en los que se ven condenados a vivir miles de seres humanos. No sé por qué en todas las ciudades hay siempre barrios de nombres sugerentes que la realidad desmiente sistemáticamente. Siempre hay algún barrio del Porvenir, en el que el único porvenir para sus habitantes es la frustración y la miseria; siempre hay algún barrio Ciudad Jardín en el que no hay ni un triste árbol y el único jardín es el que forman incontables bolsas de plástico y deshechos de basura; siempre hay algún Buenavista en el que lo único que se ve es el humo y el aire negro de polución. En fin, podría seguir enumerando esos barrios. Pero vuelto a Cité Soleil.

Las construcciones que jalonan las calles de acceso al barrio están construidas con bloques de hormigón. Son de una sola planta y muchas se han caído con el terremoto. A medida que uno se adentra en los vericuetos de Cité Soleil, las construcciones se van haciendo de madera, de cartón, de chapas metálicas. Normalmente sólo hay un especio, reducido, en su interior, en el que pernocta toda la familia. La basura se acumula por doquier, y en estos días la hediondez es absoluta: la podredumbre despide su fetidez haciendo irrespirable el aire. Por los escasos albañales no circula el agua, sino que está estancada, maloliente, cargada de detritus, de heces. Miríadas de moscas revolotean alrededor, al igual que hacen los mosquitos, transmisores de la malaria. Muchos niños rebuscan en la basura que se acumula a los bordes de Cité Soleil, o en las torrenteras, ahora secas, que acumulan un sin fin de porquería.

A la entrada de Cité Soleil, en la carretera que va hacia el norte, se ven ahora improvisados puestos de venta de todo tipo de artículos, desde ropa y calzado, a maderas y hierros: es el resultado de la búsqueda de estos días entre los escombros por parte del ejército de desheredados que han rescatado de los comercios y edificios en ruinas lo que han podido para venderlo ahora y, al igual que antes del terremoto, al igual que dentro de varios años, seguir malviviendo. Porque en Cité Soleil se malvivía antes y se malvivirá después.

Cuando nos adentramos en el dédalo de callejuelas, Billy me dice: “este es un sitio muy peligroso, yo es la primera vez que entro en él”. Y sí, entre los muchos argumentos que hacen de Cité Soleil un lugar poco recomendable para vivir está el problema de la violencia. Las bandas, verdaderos grupos mafiosos vinculados al narcotráfico y al tráfico de armas, son dueñas de este territorio e imponen su ley. Un fotógrafo que reside en Haití desde hace un tiempo, Ramón Espinosa, nos explica que la policía teme lo que pueda ocurrir en los próximos días o semanas. El terremoto permitió que escaparan siete mil reclusos de la penitenciaría central de Puerto Príncipe y de otras cárceles. Muchos de ellos son jefes de bandas asentadas en Cité Soleil. El caos reinante hoy en Puerto Príncipe, la ausencia de gobierno y escasez de policías, el hambre y la desesperación de la gente, pueden ser un caldo de cultivo propicio para que estas bandas se hagan con el control de la situación, al menos en buena parte de la ciudad.

Algo parecido nos comenta el Dr. Dominique Allen, de Médicos del Mundo. Hablamos con él en el Hospital Sainte Catherine Laboure, en medio de Cité Soleil. Nos explica que no saben, de momento, cuál puede ser la reacción de las bandas a su presencia allí, porque normalmente los extranjeros no son bienvenidos. Pero el hecho de que estén ayudando a la gente después del terremoto parece que ha abierto un margen de tolerancia. La cuestión es hasta cuándo puede durar.

En el hospital trabajan codo con codo Médicos del Mundo y Médicos sin Fronteras. Se lo hago notar al Dr. Allen y él me dice que están satisfechos de la colaboración, que no fue fácil al principio, pero que ahora todo marcha estupendamente. Se trata de dos ONG,s importantes, con presencia en muchos lugares difíciles, en catástrofes y conflictos bélicos, y en demasiadas ocasiones ha habido rencillas, descalificaciones, recelos. Es algo, por desgracia, más habitual de lo que sería deseable en el mundo de las ONG,s. Pero al menos está vez la atención a las víctimas del terremoto ha estado por encima de cualquier otra consideración.

Me sorprende ver la cantidad de mutilados que hay en el hospital. Como el Dr. Allen me explica, a pesar de que muchas construcciones son apenas tugurios de madera o cartón, la destrucción ha sido considerable en las casas con bloques de hormigón, y mucha gente quedó con sus extremidades atrapadas o las heridas se han gangrenado después.

Al final de Cité Soleil está el mar. Un mar de hermosas tonalidades que varían del azul tenue al verde esmeralda. Algunos barcos de vela, precarios y artesanales, están varados en un pequeño muelle mientras las redes se secan al sol. Resulta sorprendente cómo en medio de los escenarios más sórdidos puede surgir de repente una estampa de belleza, un horizonte despejado. Supongo que desde aquí salen muchas de las precarias embarcaciones en las que los haitianos llevan años lanzándose al mar para tratar de llegar a Estados Unidos. La mayoría perece en el intento.

Regresamos a Petionville, en concreto al Petionville Club. Es un lugar, o lo era hasta el día del terremoto, absolutamente exclusivo. Un Club de Golf, con sus pistas de tenis, su piscina, su bar, para uso y disfrute “exclusivo”, como reza un cartel en la puerta, de sus socios. Ahora quienes lo disfrutan son soldados estadounidenses, que han establecido aquí una de sus bases. Para ello han tenido que desplazar, hacia abajo en la colina, a los muchos haitianos que, al igual que en otros lugares, se instalaron aquí, en el mismo campo de Golf, en el green o como se llame, después del terremoto. Los soldados estadounidenses disfrutan de las instalaciones e incluso han instalado ya un gimnasio al aire libre, con sus pesas y su parafernalia. De vez en cuando, más como un gesto de caridad que como otra cosa, organizan un reparto de comida a los recientes y ya antiguos ocupantes del lugar. Eso sí, convenientemente vigilados para que no se desmanden. A la puerta del Petionville Club esta la residencia del embajador de Estados Unidos. Desde la verja de entrada sólo se ve el jardín. Creo que el embajador ha sido muy generoso y ha permitido a algunos ciudadanos estadounidenses que perdieron su vivienda que se instalen en el amplio recinto.

De nuevo me sale un regusto irónico. Debe ser que hay una nueva indignación que se me acumula a otras indignaciones de días anteriores. Los militares estadounidenses han suspendido el traslado de enfermos graves a hospitales de Florida y de otros estados porque éstos se han quejado y han exigido saber quién va a pagar la factura de la atención sanitaria. Claro, los heridos haitianos, no llevan entre los dientes una tarjeta de crédito, que es la condición primera e imprescindible para ser atendido en un hospital estadounidense.

Me voy a dormir con la idea que me expresaba hoy Ramón Espinosa, “todo esto de la ayuda estadounidenses es para hacerse la foto, los haitianos realmente no les importan”. De nuevo la desazón.

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14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Laura

Laura dijo

Que esa desazón no te impida acercarnos lo que sucede cada día y no vemos, Fran!

Arian

Arian dijo

Una vez mas nos haces acompanarte en tu recorrido con una nitidez que es como estar mirando junto a ti.
Las separaciones de clases sociales es algo que acompana a la humanidad desde el principio de los tiempos.
Muy cierto como dibujas el contingente USA. Pero siempre se montan su pequeno habitat de confort en el mejor lugar. La moral no puede decaer.
No entiendo el porque de la competitividad de las ONG. Acaso su mision no es la misma?
Que ironico el nombre de "bidonville" y si estas en lo cierto en la asociacion de fancy names and gettos.
Gracias por mi paseo matinal que una vez mas haces posible. Haiti tan lleno de posibilidades belleza y tan destruido no ya por el terremoto si no por los intereses del hombre.

María

María dijo

Hoy he vuelto a leerte.Sin palabras.Un abrazo muy fuerte para ti Fran y para todo el pueblo haitiano.

Belén

Belén dijo

Gracias por acercarnos la dura realidad y gracias por tu indignación.

Narayani

Narayani dijo

La verdad es que sí llama la atención la rivalidad que pueda existir entre dos ONG's tan similares. Es bastante curioso.

Lo de los soldados norteamericanos... No sé ya como expresarlo. Lo que me extraña es que no te salga más veces la vena irónica porque me parece vergonzoso todo lo que están haciendo.

joel k

joel k dijo

bueno amigo fran.es una prueva mas de que las clases sociales nos dividen ampliamente y aveces llegamos a olvidar que todos somos iguales ahunque suena muy bonito decirlo .lo importante es sentirlo saber que todos balemos por lo que somos y no por lo que tenemos pero claro cuando esto suceda al 100 x 100 creo que se acabaran los problemas , pero esto a mucha gente no le combiene .grasias y fortaleza hante tanto desastre .

rashid hamad

rashid hamad dijo

en los hospitales estadounidenses se atieden a todos no importa si tienen con que pagar o no si es una situacion de urgencia. los indocumentados que residen dentro de los EEUU reciben toda atencion a costa del gobierno de EEUU. Que raro que el pais que mas contribuye a esta situacion tambien sea el mas criticado.

Maria del Rosario

Maria del Rosario dijo

Mil gracias Fran por confirmarnos lo que, dolorosamente, se sospecha. Jean Bricmont en su libro "Imperialismo Humanitario" habla exactamente de eso, del uso de los Derechos Humanos para la guerra, para el colonialismo.
Tú denuncia que siempre habrá quienes sirvamos de caja de resonancia que es la nuestra forma de comunicarnos.
Un abrazo con toda la energía, con toda la fortaleza, con toda la solidaridad

Jose Fernandez

Jose Fernandez dijo

"Ojalá el Sr. Fran Sevilla me pueda responder"

Jamás entenderé cómo es posible que haciendo tanta falta médicos y enfermeras en Haití, ya empiecen a regresar trabajadores de la salud españoles a España. Por un lado los felicito por la labor realizada y quién sabe cuántas vidas han salvado ó curado, pero también quién sabe cuántas vidas podían haber seguido salvando ó curado de haber permanecido mas tiempo en ese país.
Si por alguna razón tuvieron que regresar a España, lo menos que puede hacer el Ministerio de Salud español es preparar otro grupo de médicos y enfermeras para que vayan a sustituirlos. ¿Es que acaso ya no hay mas heridos que curar?. De verdad quisiera que alguien me explique esto, porque veo el ejemplo de otros países mucho mas pobres que España, por ejemplo Cuba, que desde el primer día tiene en Haití mas de 480 entre médicos y enfermeras y a nadie le ha pasado por la mente el regreso de uno solo de ellos, todo lo contrario, se está valorando la posibilidad real de incrementar ese número. Eso es dar ejemplo ante el mundo, independientemente que critiquemos a ese país y con mucha razón, por muchas cosas.
POR FAVOR, trasladarse a cualquier parte del mundo donde haya ocurrido un desastre natural con el objetivo de brindar ayuda significa, ante todo, permanecer en ese lugar todo el tiempo necesario. Así de sencillo.

Arian

Arian dijo

Si pensamos en la razon de que papa Yank cogiese "casi" control del aeropuerto pues es facil deducir que el que parte y reparte llevara la mejor parte.
Piensan en estrategias de control y sobretodo en sus intereses.
No quedarse sin puertade salida en una emergencia y controlar entradas y salidas en el punto mas importante y mejor. Campo de golf? Lo que es, es no solo quizas mejor dormir sobre un punto ajardinado y al aire libre donde pasar mejor los temblores si no que helicopteros pueden despegar y aterrizar a su gusto. Lo dicho los puntos estrategicos son los que importan. Y alguien ha de coger control asi que mejor ser ese alguien,no?
Y en cuanto a atencion medica en USA solo los ciudadanos de ese pais tienen medico ya sea con carta de credito o con aseguradoras. tambien esta " gratis" Medicare y Medicade que se hacen cargo de los gastos solo si eres ciudadano del pais como veras los Haitianos no solo no tienen para pagar si no que tampoco son estadounidenses. Nada es gratis en este mundo.

Anabel

Anabel dijo

Saludos. De nuevo muchas gracias por acercar Haití a nosotros. ¡¡¡Lástima que las enredaderas no se extiendan!!!.

Un abrazo igual al del María del Rosario.

Pd. El sábado me acordé de sor Martina fue su santo, la patrona de Roma. Gis revido

Esporleri

Esporleri dijo

Gracias por el esfuerzo extra de mantener abierto este blog. Enhorabuena por tus artículos. Gracias por dar tu punto de vista sin ambages. Muy interesante la crítica a la ayuda de Estados Unidos y las rencillas entre diferentes ONG's.

María Luisa

María Luisa dijo

Sr. Fran Sevilla: es usted un periodista muy especial.Me sensibiliza de tal manera con sus crónicas que no sé que hacer despues que las leo y mirando a mi alrededor veo la normalidad de todos mis dias..entonces pienso en lo que seria si de pronto aqui en mi querida ciudad se desplomara todo.
Siento impotencia y culpa de no poder ayudar.
Dos cascos azules Uruguayos murieron en el terromoto, a los dos los encontraron bajo los escombros, uno murió junto a su hijo.
Lo que no puedo entender es por qué no se ayuda más.Si todo los seres de la tierra se unieran Haití terminaria con el sufrimiento en pocos dias. Es tan imposible eso?
Solo me queda pensar en ellos con mucha fuerza... tal vez mi espiritu pueda volar y llegar como una brisa fresca para aliviar el calor del sol o como un pedazo de pan para aliviar su hambre.
Quisiera que este sentimiento mio llegara hasta usted, para que sepa que tambien en esta parte del mundo hay alguien que lee lo que usted escribe y que comprende lo que usted siente.

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