10 Mar 2010
El ministro es el primero en dar las hostias
Ha ocurrido hace un rato. Él es un periodista freelance que estaba en la sede del PDL. Berlusconi daba una rueda de prensa para explicar que su partido no tiene las listas admitidas porque los jueces, junto con los radicales. impidieron que llegaran a tiempo.
Por eso hay interpuesta una denuncia policial. La rueda era tensa. La tirantez ha reventado en la sala cuando el periodista quería hablar aunque fuera otro colega quien realizara las preguntas.

Y ahí ha salido él, el mejor guardián de su jefe. Pese a que parezca un macarra de traje, es el ministro de defensa.

Armado con gritos y puños implacables, amenaza reiteradamente al informador que, como un tábano, no calla y boicotea el trabajo de todos sus compañeros.

Hay periodistas militantes que, por encima de su profesión defienden sus ideas. En Italia también hay algún político matón que por debajo del traje, siempre lleva los puños apretados, por si hay que repartir hostias. No le hacen falta guardaespaldas como se ve en las fotos. Él sólo se las vale. Y éste que veis en las fotos publicadas por La Stampa es el responsable de las fuerzas armadas.
No quiero ni imaginarme lo que puede hacer si le dejan un lego para montar un carro de combate...
08 Mar 2010
El hilo de un sueño
Si la realidad supera la ficción, te falta imaginación.¡Viva el cine! Hace unos días anuncié que el adefesio de las listas del partido de Berlusconi no admitidas por fraudes y glotones inoportunos encontraría su componenda, que la izquierda protestaría airada y que, dentro de su cueva, Il Cavaliere sonreiría como hiena tras despellejar los últimos despojos de su carnicería legal.
No soy visionario. Vivo un sueño en un país donde quimera y fantasía se mezclan en el entorno con la natural necesidad que un recién nacido reclama el pecho materno. Todo el país es platea y escenario de una representación perfecta. Hasta en la ceremonia de los Oscar se ha oído “Viva la Italia”.
Ya tenemos las listas de Berlusco admitidas por una “ley interpretativa”. Él sí que se merece el Óscar. El resto pone caras de asombro como perfectos actores y dicen que no salen de su extrañeza. Todo es una representación donde nunca llega la sangre al río. Y pienso, con algo parecido, ¿qué no hubiera ocurrido en España? ( prefiero hacer la pregunta en negativo. Será más fácil de responder. Qué pudiera ocurrir, sospecho, conforma una lista demasiado larga). Por eso se descorchan botellas de cava en el parlamento o la cámara se convierte en el mejor salón de conciertos gracias a la proliferación de “pianistas” tal y como se ve en el vídeo.
Italia parece un despropósito a ojos foráneos. Aquí, el mejor guión se escribe cada día. El sábado sale la izquierda, a la calle para protestar. Lo sabíamos. Pero no contábamos con que la Conferencia Episcopal Italiana entrara en la pugna por el olimpo interpretativo. Se ha descolgado diciendo que eso de cambiar las reglas con el juego ya empezado es una incorrección, como si fuera la primera vez. Y yo que pensaba que estos eran actores de otro film...
02 Mar 2010
La torpeza de un hombre glotón
Los problemas empiezan con el exceso de confianza y terminan en un pánico atávico. Imagino al delegado del partido de Berlusconi que no entregó las listas de la provincia de Roma a tiempo, tiene las tripas retorcidas como una serpiente de cascabel en torno a su presa. La comedia política italiana nos ofrece estos días el desternillante capítulo de cómo morir de suficiencia. A mediodía del sábado expiraba el plazo para la presentación de las candidaturas para las elecciones del 28 y 29 de marzo. Como en todos los colectivos hay despistados, el delegado del PDL llevó las listas pero le faltaban los símbolos y otros documentos, por lo que tuvo que volver a buscarlos. “Enseguida vuelvo con todo a punto”, dijo a la autoridad electoral. Pero, como pulgarcito, se desvió del camino. Era mediodía y a esa hora el estómago, también el de los agradecidos, muestra sus miserias en forma de agujero. Y decidió comer algo con tranquilidad que sabido es que el estrés perjudica seriamente la salud.
Y ahí que llegó ante la Junta electoral dispuesto a terminar la faena con el rostro encendido tras reponer fuerzas. Pero el mundo se eclipsó. Los responsables electorales le mostraron el reloj, diciéndole que el plazo había terminado hacía casi una hora. Estalló entonces una inútil y fuerte discusión. El delegado del partido de Berlusconi tuvo que discutir un rato para darse cuenta, poco a poco, de la que había montado: su suficiencia le había metido en un aprieto a él y a todos sus compañeros.
Y ahí que siguen. Los conservadores apelando a todos los tribunales y hasta al Jefe del Estado. Berlusconi más cabreado que la mascota de la Legión y pensando si hace una ley para poder concurrir a las elecciones. Y mientras se lo piensa, a su partido le supura otra fístula en mitad de sus dominios. En Lombardía tampoco pueden presentarse porque la candidatura está avalada por 500 firmas irregulares.
Negro se lo pintan al PDL y blanco al PD que tiene, al menos, sus listas a punto. Entre el blanco y el negro, hoy no hay espacio para los grises. Están los que se presentan y los que no. Dentro de unos días, algo habrá cambiado y el maximalismo rígido dejará paso a una flexibilidad permisiva alumbrada a la sombra de algún decreto. Puedo equivocarme pero, al tiempo. Entre tanto. la isla de Santa Elena espera un nuevo inquilino en los próximos días. No habrá problemas para su alimentación. Al calmoso glotón le queda de menú revuelto de lista electoral para el resto de sus días como los suyos queden fuera de las elecciones.
26 Feb 2010
La Justicia no es igual para todos
El culpable nunca paga su culpa si se llama Silvio Berlusconi. El primer ministro ha visto cómo el Tribunal Supremo absolvía a su abogado de haber cometido fraude en un juicio. Berlusconi le pagó para que engañara al juez. El máximo órgano judicial italiano reconoce la culpabilidad del abogado pero su delito ha prescrito. El libidinoso dio 600.000 dólares a su letrado para poder seguir haciendo de su capa un sayo. Pero hace mucho tiempo de eso. ¿Por qué los pecados no caducan ante Dios y sí ante los hombres dependiendo de quienes sean estos?
Confieso mi afasia judicial. Mi acné se desvaneció hace tiempo y con él voló, al limbo, la creencia ciega en algunos valores. También todo lo que representa el punto fiel de la balanza. Nunca somos iguales ante la ley. Sucede en todo el mundo. El problema de Italia, es que se ve mucho porque el primer ciudadano elegido por el pueblo, tiene demasiados tickets pendientes en la barra de la Justicia El moho cubre los juzgados italianos para lustre de los poderosos. Así el arribista político hace su lectura y puede seguir diciendo “ nunca he sido condenado por un tribunal”. Pero eso no es lo mismo que decir “soy inocente de todas las acusaciones”, aunque él intente hacérnoslo creer.
Esta sentencia oxida más los barrotes de mi fe en la imparcialidad. Menos mal que siempre hay alguien ocurrente para levantarnos el ánimo. Se llama Luciano Casasole. Es un arquitecto de 64 años que está harto de la casta política italiana. Y se le ha ocurrido una singular protesta que merece más atención de la que le hemos prestado: armado con un potente foco de luz, se asomó a la terraza de un bed & breakfast y disparó directamente a la cúpula del Vaticano las palabras “STOP” “PENSIONI” “DEPUTATI”. Fue una ocasión única: Durante un rato, la gran cúpula de San Pedro se convirtió en una involuntaria pantalla de protesta ante la mirada atónita de los testigos. El Inspector Vaticano consiguió que el hombre dejara de emitir esas sombras. Ahora está en manos de la policía. En este caso, ¿ prevalecerá la permisiva justicia de los hombres o la implacable rectitud de Dios hará que Casasole pague caro su atrevimiento?

18 Feb 2010
La autopsia del gato y minino al plato
“La carne de gato hay que tenerla tres días bajo el chorro del agua antes de guisarlo”. Beppe Bigazzi, cocinero de la RAI, tuvo la feliz idea de indicar las propiedades culinarias del felino doméstico y cómo aderezarlo, aprovechando un proverbio de estas fechas. Su compañera de plató no daba crédito. Él insistía con una obcecación kamikaze o como si deseara la jubilación pero prefiriendo inmolarse antes que pedirla. El popular presentador tiene más de setenta años y los últimos diez ha aparecido cada mediodía en la pequeña pantalla.
El gato es, casi, un producto nacional protegido. Por ejemplo, hace pocos días se cerró el caso del asesinato de un gato, en Varese. Cinco años de magistrados, investigaciones y jueces. Hasta la autopsia se le practicó al felino muerto, pero al final no se ha conseguido encontrar al culpable. En este ambiente, el cocinero sugirió cocinar gatos y muchas garras se han sumado a las uñas mininas para cortarle su televisiva cabeza en mitad de un concierto de maullidos alterados.
Pese a esto, el popular cocinero siguió con su trabajo. Días después, casi todos los medios de comunicación airearon las críticas de los protectores de animales. Y la nívea cabellera de Beppe Bigazzi desapareció engullido por una cuadrilla de gatos ávidos de venganza.
La represalia felina ha resultado implacable; eso sí, de no haber saltado el coro de lamentos en la prensa, ¿seguiría el presentador? Cada vez más, los gestos prevalecen sobre escrúpulos, propias creencias o certidumbres endebles.
Y así es como fue devorado el primer cocinero que no quiso dar gato por liebre...
04 Feb 2010
Bostezos en el diván del sexo
Cuerpos que se enredan impulsados por el deseo. Sudorosos, intercambian saladas gotas en el frenesí. No hay palabras en el feudo del instinto. No hay reglas cuando se persigue la unidad y un cuerpo invade la textura ajena. Una norma en la delirante danza del vaivén desarbola la magia. Por eso compadezco al ex -marido de Madonna. El susurro de la fricción acompasado con gemidos forman una armonía sin partituras. A veces, un fondo musical ahoga esa orquesta de suspiros. Y se convierte en el complemento sonoro mientras se sorben gotas de deseo. La misma canción repetida, transforma el vaivén en una aburrida lambada de la costumbre
Por eso compadezco a Guy Ritchie. La reina del pop es una viciosa ( habría que saber qué entiende él por viciosa. Pero eso sería otra reflexión). Me asombra que ella sólo lo haga en un sillón que vende una firma italiana. En éste.

Debe ser cómodo y propiciador de la lívido además de resistente. Junto a la butaca, lo que verdaderamente la pone como una olla exprés son sus melodías: el silloncito tiene dos altavoces en los que Madonna Louise Veronica Ciccone sólo escucha sus propias cantilenas mientras se mueve en danza convulsa.
Nunca lo hace en la cama. Hay lugares más sugerentes. Estamos de acuerdo. Sin embargo, la repetición patológica del diván musical resulta una coacción para el deseo. “Loca, obsesiva y narcisista” . Así la califica el ex. Se sabe de memoria la letra de las 500 canciones de la diva. Y, posiblemente, se hartara de que, en el momento en que los cuerpos se sacuden con furia al acecho de otra dimensión, ella siempre le cantara “Give it 2 me”. Así, cualquier gemido de placer termina en bostezo de tedio. Guy Ritchie ha tenido que refugiarse en las deducciones de Sherlock Holmes. Elemental.
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29 Ene 2010
Ferrari: bastidores de una presentación
Todo estaba blanco. Hasta el Ferrari se contagió. Nieve fuera y espectáculo en el interior de la fábrica que parece un invernadero más que una centro de producción de automóviles de lujo.
La presentación del F 10 fue un día en rojo y blanco. Acudieron todos los involucrados en el proyecto. El nuevo mecenas, Emilio Botín, se quiso poner acorde con el color local y exhibía unos pantalones escandalosamente rojos que, por unos momentos, desviaron los ojos del monoplaza.

Los entresijos de las presentaciones están llenos de doctos, de responsables circunstanciales y de conversaciones con destino en el desatino.
-¿Podemos sacar foto?- pregunto a una azafata
-No. Sólo las cámaras de la Rai pueden tomar imágenes- me responde con la sonrisa estirada para la ocasión porque las arrugas de su rostro delatan, además de años, un perenne gesto de hostilidad.
Perplejo observo que unos minutos después una manada de fotógrafos se echan y acosan a los protagonistas que ocultan su cansancio en una permanente sonrisa.
Burlada la azafata avinagrada, llega el momento de tomar sonido. Y no hay donde hacerlo. Una incauta periodista se coloca a mi lado y busca a otra ayudante. Le pide permiso para tomarlo de los altavoces.
-No. Eso está prohibido. Usted sólo podrá tomar sonido cuando hable en los sets de televisión.
La chica mira perpleja sin respuesta.
-No te preocupes- intervengo-. A mí me han dicho que no podía tomar fotos y mira todas las que tengo. Ponte a grabar aquí, como haré yo, y luego que venga a decirnos que no se puede.
Como con el episodio de las instantáneas, segundos después todos los altavoces estaban plagados de micrófonos para recoger las palabras de los protagonistas
Mensajes, ilusiones, objetivos, fotos y más fotos con Alonso, Massa y el F 10. Los otros tres pilotos, Gené, Fisichella y Luca Badoer se diluían anónimos en la masa pese a que vestían como la pareja estelar. -¿Cómo va Marc?- Le pregunto a Gené. -Bien. Éste es un día de mucho ruido - ¿Y el coche?- Le inquiero sabiendo que él es uno de los encargados de probarlo antes de que pase a los pilotos titulares -Bien. Ha mejorado mucho...-qué me va a decir, pienso. Pero luego sigue- El simulador es mucho mejor. Por eso creo que las pruebas estarán muy cerca de la realidad. ¡Nadie ha conducido todavía un fórmula uno de la próxima temporada! El reglamento lo prohíbe. Hay leyes criticables y algunas absurdas. Esta tiene ambos galones. Como dijo Toni Garrido con exquisito juicio “así que hasta ahora sólo han jugado a la play”.
El día fue largo y pesado como son todos los actos protocolarios. Hasta los canapés se hacen reiterativos, pese a que algunos aprovechan los tiempos entre una comparecencia y otra para desvalijar el mostrador y templar el estómago con cuantas copas de vino son capaces de abrevar en los tiempos muertos. Entrábamos y salíamos de la sala. Veintidós grados dentro, cero fuera. Congestión asegurada. Nadie rodó en la pista salvo Botín que fue copiloto de Alonso en unas vueltas del asturiano. El pantalón rojo acabó siendo una buena inversión.
19 Ene 2010
El conejo de Patrizia y el ambulatorio
Suena el teléfono. Es media mañana y estoy a punto de salir a una cita…
-Sí
-Hola soy Patrizia.
-Dime. En este momento me estoy preparando para nuestra cita.
- Es que no puedo ir. Tengo el conejo malo.
Me atraganto. Tenemos confianza, pero jamás he oído a Patrizia hablar de esa manera. Aturdido, busco en el diccionario mental de los reflejos algo que decir. Conozco a Patrizia hace un par de años. Es ese tipo de persona con ideas muy claras y completamente abierta que gusta a una persona como yo que tiene que diseccionar cada día una sociedad que no es la suya; es decir, además de simpática, me da la dosis mundanal perfecta de la que se nutre un corresponsal. No sé qué decirla. El silencio es áspero y extenso. Ella aguarda. Me siento contra la pared y sólo se me ocurre…
-¿Qué es? ¿Alguna infección, frío?
-No sé. Está vomitando- me suelta con una franqueza que erosiona el aire.
- Pero eso se cura con una compresa- le contesto siguiendo el camino de la cruda naturalidad que me ha mostrado.
-¿Cómo? ¿Qué quieres decir con una compresa?
-Que lo que tienes es el periodo, que no es para tanto pero que si te sientes mal, no te preocupes. Ya quedaremos otro día.
-¡Pero qué periodo ni qué leches! Tengo a Brandon, mi conejo, enfermo y no lo puedo dejar solo.
Un fogonazo de rubor me sacudió todo el cuerpo. No sabía que ella tuviera un conejo como animal doméstico. Menos mal que estaba solo y mi interlocutora no podía verme. Sentí un calor desesperante mientras mi piel se recubría de gotas de sudor. En ese momento recordé que, en Italia, al sexo femenino se le llama vulgarmente “patata” y que lo del "conejo" es una cosa nuestra.
Sobrepuesto del incidente verbal, decidí acompañar a mi hijo al médico. Un problema en el oído nos llevo a un ASL (ambulatorio)donde estaba el otorrino. La entrada del edificio, en pleno Lungotevere, es siniestra como un manicomio. Subimos unas escaleras grises de años y al entrar, en el recibidor, un letrero señala “ASL especializada en otorrinolaringología y psiquiatría”. No digo nada. Mi hijo tampoco, pero me aprieta la mano. Lo ha leído.
Como sé cual es el proceso de la sanidad pública en Italia, busco la “Caja” para pagar antes de que nos atiendan. Esta cerrada. Tenemos cita a las doce y media con el especialista. Son y cuarto y la caja está cerrada. Golpeo la ventanilla cegada por el funcionario.
-¿Sí?
-Tengo hora concertada. Vengo a pagar antes de que el médico vea a mi hijo
-Ya, pero está cerrado.
-¿Cómo que está cerrado?
-Si cerramos a las doce
-Pero mi hora es a y media, ¿cómo pueden cerrar la caja mientras aún quedan consultas pendientes?
-Señor, esto está cerrado- repite en un tono que me convence de que está dispuesto a hablar conmigo horas disfrutando de mi desconcierto, pero jamás abrirá la ventanilla.
No dispongo de tiempo ni energía para jugar al frontón con este arlequín del funcionariado que busca entretenimiento. Por eso camino resuelto a la consulta. Tres personas aguardan en la sala de espera. Por fin ,una buena señal- pienso-. Al menos no hay aglomeraciones. La puerta se abre. Intuyo al médico. Un hombre joven que roza la mitad de los treinta. Le veo mientras sale un paciente y entra otro. Más que sentado, el doctor está derrengado sobre la silla como si en lugar del mediodía fuera la madrugada del día después. Ha hecho de la silla de la consulta una especie de hamaca en la que escurre su inapetencia laboral. Además se tira sobre la silla de medio lado como si una feroz almorrana hubiera hecho nido entre sus glúteos.
Antes de que la puerta se cierre delante de mis narices, me alzo y lanzo un SOS apresurado tratando de contar en dos palabras mi problema.
-Vaya a un estanco, señor- me dice la enfermera-. Allí le pondrán un sello como que ha pagado y, entonces, le podrá atender el doctor.
Por fortuna el estanco está cerca. Sin embargo, me empieza a embargar, otra vez, la sensación de pelota a la que las circunstancias llevan de lado a lado sin derecho a protesta. Entro en el establecimiento.
-He estado en el ambulatorio y me han dicho que venga aquí a pagar este servicio.
La estanquera de Prati me observa. Entrecruzamos un feroz duelo de miradas sin terciar palabra hasta que ella dice “ no lo puedo hacer. Esto es un estanco, no una ASL” y se gira displicente.
-Me imaginaba que era un estanco. Con tanta cajetilla de tabaco expuesta ya le hubieran cerrado el kiosko de ser un ambulatorio. Que se ahogue en sus propios humos- digo y salgo dispuesto a contar al médico lo sucedido. Busco, quizás en los milagros que proliferan en esta tierra, que el doctor o la enfermera se apiaden de mí y de mi hijo, y que me atiendan, aunque se metan el dinero en el bolsillo.
Tras subir las escaleras, llego a la sala de espera. Vacía. La puerta de la consulta medio abierta. La empujo. No hay nadie. Tengo a mi disposición el escaso material médico del doctor gandul que había visto unos instantes antes. Miro a derecha izquierda, vuelvo la mirada atrás… Nada. Nadie. El ambulatorio está vacío. ¡El médico se ha ido de la consulta pese a que me había dicho que fuera a pagar al estanco antes de atenderme! Con lo a gusto que se le veía en su postura de holgazán hastiado, se ha volatilizado absorbido por su propia vagancia. Mi hijo y yo somos dueños del ambulatorio abandonado por una legión de funcionarios esclavos del reloj que marca sus horas. Desconcertado, miro al chaval y en su cara veo la pregunta “¿y ahora, qué?”. Si esto me ha ocurrido en el ala de otorrinolaringología, no quiero pensar qué puede pasar en psiquiatría. El médico y la enfermera han volado y yo más que un cuco, soy un incauto.
Tomo a mi hijo del brazo para volver a casa. En silencio desandamos el pasillo y los escalones grises por los años. Al salir a la calle, brota de nuevo la vida, el bullicio y los coches. Me acuerdo entonces del conejo de Patrizia. Tal vez los veterinarios sean, con sus pacientes, más considerados que los médicos. Se lo preguntaré a ella la próxima vez que nos veamos. Sé que tendré que esperar un tiempo. Por lo menos, hasta que su conejo se reponga.
15 Ene 2010
Lo poco que valen muchos muertos y lo caro de alguna tumba
Sólo los ricos se dan el lujo de ser excéntricos. Quien ha de cuadrar el círculo del presupuesto a fin de mes, quien revuelve entre las basuras haciendo del desperdicio del vecino el manjar suyo de cada día, sólo milita en la excentricidad de sobrevivir.
En este ambiente tirano que nos aprisiona en las apreturas del miedo, los opulentos siguen quemando billetes verdes o arrojándolos a una tumba por 75 años de soledad.
El ayuntamiento de Roma saca a subasta diversos panteones en cementerios municipales. Casi un millón de euros ha pagado alguien por una tumba en el exclusivo campo santo de Verano. La lúgubre morada tiene dos imponentes columnas en el acceso, está construida en ladrillo cara vista y tiene una magníficas panorámicas sobre la universidad de La Sapieza. Por 900 mil euros se la ha adjudicado una persona para los próximos 75 años. El tiempo empieza a correr y mientras no la ocupe se priva del privilegio del sepulcro más caro de Roma. En su afán de vivir, el anónimo pujador, no ve el bullicio de los días de clase, las faldas cortas de las universitarias, el reflejo provocador de sus piercings, los cálidos atardeceres del estío, las nostálgicas puestas de sol del otoño... En ese derroche que tienen algunos ricos, no se quiere morir el espécimen que ha puesto un millón de euros sobre la mesa por una puñetera tumba. ¡Vaya derroche! Mientras deja vacío su mausoleo de “alto standing”, estos días se nos llenan los ojos con cuerpos arrojados a fosas comunes en la más absoluta misera en un lugar con nombre tan pomposo como Puerto Príncipe. Por solidaridad, este soberano podría empezar a disfrutar de su inversión.
11 Ene 2010
97 mil millones de minutos
Es lo que estuvieron el pasado año los italianos hablando por el móvil. La cifra se derrama en el contenedor de la lógica. Tal cantidad de ceros produce vértigo sideral. Nadie pasó tanto tiempo al móvil como los italianos. La dependencia del celular es una patología. Nos aturde la soledad y para eso nos aislamos del entorno. En España observo gran cantidad de gente incomunicada tras unos auriculares en los que escucha su música favorita, o ve el capitulo atrasado de Pokemon. Parece una contradicción pero en Italia la gente se aisla hablando. También hay nómadas urbanos con artilugios musicales pero la gran mayoría se desgañita en interminables charlas telefónicas callejeras, al volante o mientras conducen el ciclomotor. No hay ley capaz de sepultar la verborrea innata del país.
Salimos al mundo solos y para no sentirnos solos nos aislamos. El ser sociable se desmorona en la isla que persigue el propio bienestar. Y, mientras explota al negro en los campos de naranjas, deambula como zombie de otra galaxia persiguiendo un “Avatar”. Se puede pasar al lado de una persona caída en la acera sin verla, no escuchar la bocina de la ambulancia que viene a socorrerla y terminar siendo arrollado por el propio aislamiento.
Hoy, el hombre persigue su intimidad entre el gentío. Me sigue sin salir la cuenta de los días que suponen 97.000.000.000 de minutos pegados al celular. Hablar es un singular placer. Y yo que creía que el gustillo del móvil se obtenía colocando la posición “ vibrador” cuando se guarda en el bolsillo del pantalón...
